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La coherencia de Blade Runner (30 aniversario)

Por Lino Moinelo a las 10:00 el lunes, 25 de junio de 2012 0 comentarios
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Gaff, el enigmáticoUn amable lector comentaba sobre un artículo que escribí de Blade Runner (BR), que era demasiado «enciclopédico». Que deseaba saber más sobre mi opinión. Aunque agradezco a este lector su interés, lo cierto es que para mi las opiniones personales son el último recurso al que hay que acudir. Hay un dicho que expresa de forma muy gráfica lo que quiero decir:
las opiniones son como los culos: cada uno tiene el suyo

Por esto es por lo que procuro mantener toda la objetividad que puedo. No obstante, dado el interés que suscita el tema y cierta confusión existente alrededor de él, no puedo resistirme a aclarar ciertas cosas que pienso quedan sin explicar. Así que arañando tal vez algo de mi subjetividad, o puede que no, voy a intentar ponerle remedio.


La parcialidad


Sin entrar en la discutisión sobre si BR es una gran película o no, es innegable la influencia que ha tenido en la cinematografía posterior y en una buena parte de la ciencia-ficción. La postmodernidad y el ciberpunk, beben de su estética y de cierto mensaje pesimista.

LA, 2019Cada autor tiene libertad a la hora de escoger el ambiente y el mensaje que desea transmitir. La misma que tenemos los aficionados y seguidores para «opinar» sobre ello. El mundo que se nos presenta en BR es un mundo decadente hasta el límite de que todos los que aparecen en la obra son, o cómplices de la situación, o victimas más o menos inconscientes del sistema. Absolutamente nadie de los que aparecen en la película parece que pueda ofrecer alguna alternativa a la deprimente y generalizada situación de Los Ángeles , en el año 2019.

Esta característica suele ser común a todo el género del ciberpunk: un regodeo en la decadente forma en la que la especie humana hace uso de la tecnología. El «problema», por decirlo de alguna manera, es que esto no es realista por tratarse de una excesiva extrapolación en un sentido. Por tanto, se desvía de una de las principales señas de identidad de la ciencia-ficción: la verosimilitud.

Aunque los héroes no son más que mitos, no se ha de ignorar que en determinadas situaciones un individuo puede demostrar actitudes heroicas. Tampoco se ha de pasar por alto la existencia habitual de grupos de activismo que muestran interés en arreglar las cosas, o en general, que se oponen por unos motivos u otros, a la situación imperante. En muchas ocasiones, cuanto peor se ponen las cosas, puede acabar saliendo algo de nuestro interior que haga mantener la esperanza en la especie Humana. Todo esto ni se vislumbra en BR, quedando empapada de un derrotismo irreal, puede que hasta enfermizo. No era necesario que mostraran al clásico rol heroico «hollywoodiense», pero aunque es una adaptación libre de la novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas(Philip K. Dick, 1968), pienso que la han contagiado de la habitual depresión que su autor volcaba en sus obras —el propio autor la elogió excepcionalmente en un pase privado, antes del estreno, y de su fallecimiento—.

Philip K. Dick se entusiasmó al ver un primer pase de Blade RunnerEs parcial, ya que no muestra las facetas posibles adecuadamente equilibradas, ni tan siquiera intención de hacerlo. Siendo como parece deliberado, significa que ha primado el mensaje, supeditando el resto de factores a su exposición. Esto también se aleja de las características propias de la ciencia-ficción, en la que la correcta descripción del entorno es en muchas ocasiones una obligación ineludible, tan importante como la propia historia.


Guión trampa


Suelen acudir a blogs y foros de debate, lectores interesados en cuestiones de tipo filosófico presentes en BR. En esta película se plantean algunas de las más relevantes cuestiones filosóficas que atañen al ser humano. Claro que el mero hecho de plantearlas no es un mérito realmente. Esto es habitual en muchas obras, no sólo de ciencia-ficción. Lo bueno de BR es la forma de hacerlo, abusando de las posibilidades del género para poder mostrar una visión determinada de la realidad sin estar sujeta a sus limitaciones. Pero lo malo es que su parcialidad da a entender que, más que plantearlas, en alguna parte de la película se esconde alguna respuesta a las incógnitas existenciales que atormentan al género humano. Esta por supuesto, no existe, pero las ausencias pueden llevar a los aficionados a perderse en un mar de dudas y confusión filosóficas, pudiendo ser tan nocivas como si de errores se tratase.

Por añadidura, las diferencias entre director y productores ocasionaron una serie de revisiones en el guión que tuvieron como consecuencia una primera versión de la película con incongruencias importantes —como el bucólico final-pegote—. Posteriormente, Ridley Scott publicó su versión «corregida», pero ya era tarde: una multitud de aficionados ya había especulado todo lo especulable sobre la primera versión, sin saber dónde se estaban metiendo. La aparición posterior de la versión del director, trajo la división y el descontento a muchos aficionados, que preferían la primera o continuaban confundidos al tener que reparar en detalles de la película como fotografías dejadas caer, unicornios oníricos, o misteriosos destellos en los ojos, para encontrar una explicación satisfactoria que en el mejor de los casos, aún resulta bastante rebuscada.


La coherencia interna


Aceptemos que la solución final de la versión del director de BR es coherente en última instancia. Admitiendo que la intención original era la de presentar a Deckard como un replicante, victima y esclavo inconsciente de un sistema endiablado para mantener el orden, quedaría el argumento base de la siguiente manera:

  • Deckard es un replicante construido para poder retirar a otros replicantes, y ahorrarse la tediosa faena.
  • Para poder dedicarse a ella sin remordimientos, Deckard no debe conocer su verdadera condición.
  • Para ello, le han de dotar de recuerdos, como Rachel, para ser prácticamente indistinguibles de un ser humano al tener empatía.
  • Adicionalmente, le han de retirar fuerza física, ya que de lo contrario se evidenciaría su condición de replicante .

Sin embargo, esto presenta varios inconvenientes:

  • La fuerza física. La supuesta solución parte de entrada con una debilidad, frente al problema que ha de resolver.
  • La programación. La cuestión de cómo se les programa a los replicantes se deja en el aire para no entorpecer la historia, en detrimento de la construcción de un escenario sujeto con alfileres.

Deckard, pasándolas canutas en la cornisa de un edificio
Aunque se puede suponer que la debilidad inicial es un handicap que atañe exclusivamente al Blade Runner, el cuál no es más que carne de cañón que puede ser sustituido, no deja de ser una solución poco eficiente. La ausencia de explicación sobre la programación de los replicantes, lugar y momento en el que se deberían haber hecho las correcciones necesarias para evitar los problemas posteriores, es una carencia que en una obra de ciencia-ficción como tal tiene menos justificación.

Si bien esta situación si que tenía su razón de ser en la novela de Mary Shelley (Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818) al ser un producto aislado de un desequilibrado, en este caso resulta inverosímil pensar en el cúmulo de despropósitos que se han tenido que dar para que toda la Humanidad se aboque al absurdo de fabricar seres humanos artificiales cuya programación no controla, que son extremadamente peligrosos en potencia, prácticamente indistinguibles de un ser humano, y cuya forma de tenerlos a raya es mediante otros humanos artificiales pero con menor capacidad física, engañados y confundidos mentalmente, al borde de la depresión. Asimov lo tenía bastante claro: los humanos no fabricarían entidades a su imagen y semejanza salvo que se tuviera completamente controlado el asunto de su programación.

Si para salvar todo esto se prefiere volver a la opción de considerar a Deckard un humano más, sencillamente ciertos pasajes de la historia no se sostienen, como el misterioso unicornio de papel que Gaff deja en el vestíbulo del apartamento de Deckard , o la enigmática frase pronunciada por el mismo personaje «lastima que ella no pueda vivir, pero ¿quien vive?»


El mensaje


Si bien la trampa en la que la Humanidad se ha metido descrita en la película puede parecer absurda, la verdad es que no hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobar como tristemente, el ser humano encamina sus pasos con bastante decisión a situaciones muy similares: «terroristas-replicantes» que caminan junto a personas corrientes, un medioambiente terráqueo que va a peor, «Drones» sobrevolando los cielos, «smartphones», redes de comunicación y tecnología por doquier, mientras nos vemos sumidos en una de las crisis económicas más gigantescas de la Historia, a la cual hemos contribuido todos en alguna medida, y hemos de asistir a escenas en la que gente es desahuciada de sus viviendas, quedando abandonadas.

mercaderes del espacio portadaSi bien la capacidad profética de BR es innegable, no es la única ni la primera obra de ciencia-ficción en este sentido. Mercaderes del espacio (Frederik Pohl-C.M. Kornbluth, 1954) muestra un planeta Tierra dominado por las corporaciones financieras que lo han esquilmado de recursos, mientras existe una brutal división de clases. Tanto los de una clase como los de otra, viven sumidos inconscientemente en un sistema que les lleva irremediablemente a la ruina, necesitando colonizar hasta el mismísimo planeta Venus, un autentico infierno. En esta obra también el autor vuelca en ella cierta inevitable subjetividad, mostrándonos una situación global que no parece tener tampoco remedio. Sin embargo, no se pasa por alto el también conocido dicho de «se puede engañar a algunos todo el tiempo, a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo». El trasfondo de ambas obras es un mismo o muy similar mensaje político, pero en BR se le envuelve de excesivas pretensiones filosóficas, en temas ya conocidos, que le dan una apariencia distinta a la que realmente es: cine político.

Dentro de este mensaje, algo bueno que tiene BR es que con su revisualización a lo largo de los años, se advierten nuevos matices en función de las experiencias del espectador. Personalmente, me ha removido especialmente la forma en la que Deckard va adquiriendo consciencia de su verdadero papel en el sistema. Realmente, los replicantes en BR son los humanos. Al menos, los simples ciudadanos que han estudiado durante años carreras universitarias, o llevan trabajando y esforzándose durante años, para ahora comprobar como todo eso no era más que una pequeña pieza de otro plan mayor, que nadie les había contado. Ni habían contado con ellos.

Pero para transmitir este mensaje de critica social o política, se utiliza un formato de ciencia-ficción sin atender su propia ortodoxia. Además, se envuelve todo en un debate filosófico deliberadamente confuso, al representar a los humanos precisamente carentes de humanidad, en una reducción al absurdo. Todo es demasiado como un caos recurrente sin salida, que oscila entre el complejo de Frankestein para los humanos, al de Edipo para los replicantes. Y viceversa.


Conclusión


La diferencia que más separa a estas dos obras es que Mercaderes del espacio es literaria y poco conocida para el gran público —a pesar de ser otro de los clásicos de la ciencia-ficción—, mientras que BR es una obra cinematográfica, basada en otra obra literaria mediocre en comparación con la primera, pero que gracias a su salto a la gran pantalla y su difusión en círculos fuera del ámbito estricto de la ciencia-ficción, le ha permitido gozar de una gran popularidad.

Paraguas-Blade-RunnerEs un fenómeno similar a Star Wars: la ópera espacial habría pasado desapercibida si no se hubiera producido la trilogía original en el cine. Pero esta situación tiene un efecto secundario engañoso: de la misma forma que un fan de Star Wars no es necesariamente aficionado a la ciencia-ficción —aunque al revés es más habitual—, un fan de Blade Runner tampoco tiene porque serlo. Lo malo es que en algunos casos, me he llegado a encontrar con que los aficionados más acérrirmos consideran al objeto de su admiración como la «obra cumbre» de la ciencia-ficción, sin conocer lo suficiente del resto del género.

No creo que sea acertado señalar una obra como la mejor de la ciencia-ficción, para luego destacar en ella su contenido filosófico, su critica social o su capacidad profética, aspectos que sin duda alguna son virtudes reseñables pero igualmente exigibles a toda obra intelectual. Ni tan siquiera la capacidad profética es una característica que se busque en una obra de este género, necesariamente. Por añadidura, otros aspectos más propios suyos como la coherencia o la verosimilitud,  permanecen en un segundo plano.

Blade Runner es una gran película. A esta circunstancia se le añade que es de ciencia-ficción. Pero no creo que BR sea una «gran película de ciencia-ficción». Es una gran película por su mensaje, por su estética y por muchos otros aspectos, pero la mayoría comunes al arte en general. La prospectiva y la especulación realistas propias de la ciencia-ficción, no son explotadas tan eficientemente como en otras obras de este género, al cuál le aportan más.

Pero esto que podría ser un problema para la ciencia-ficción, no es obstáculo para considerar sin dudar a Blade Runner, como una obra cumbre de un medio de difusión como el cine. En general.


Referencias:



Artículo publicado originalmente en el Al final de la Eternidad el 22 de febrero de 2012

Publicado por Lino Moinelo suscribirse a los artículos de Lino:
Informático y documentalista despistado. Se aficionó a la ciencia-ficción cuando de pequeño le regalaron unos libros infantiles asesorados por el mismísimo Asimov. Tiene un blog dedicado a este género donde vuelca su afición: Al final de la Eternidad. Pudo graduarse en la Escuela de Batalla pero llegó tarde al examen. No obstante, se alistó como voluntario en la Flota Internacional, donde participa desde entonces en misiones interplanetarias de paz.

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