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Tamaño: 31 x 70 cm.
Materiales: acrílicos y lápices de color.

Hace unos años realicé unos cuantos banners para los foros de cine NosoloHD sobre variadas temáticas cinematográficas, mediante fotomontajes. Uno de ellos, que homenajeaba a la obra maestra de Ridley Scott 'Alien' (1979), lo hice mediante la mezcla de tres imágenes promocionales bastante conocidas: una de la protagonista, Ripley (Sigourney Weaver) enfundada en su traje espacial, otra de la famosa criatura vista de lado, y como fondo el mítico e impresionante plano de la nave estrellada o "Derelict" sobre la superficie del planetoide.
Publicado por Guillermo (Atreus) el 28 oct 2012 0 comments [Más...]
Líneas sensuales y fotogramas con olor a rancio.

Cuando Jean-Claude Forest creó en 1962 al personaje de Barbarella, es posible que tan sólo pretendiera entretener al mayor número posible de lectores de cómics mediante simples “aventuras por la aventura” y, de paso, endurecer la afición (y no sólo la afición) del público masculino por medio de unos sagaces toques de erotismo que, si bien hoy se nos pueden antojar muy inocentes y “soft”, en su tiempo eran de mayor envergadura (con perdón) y tuvieron que sortear en alguna que otra ocasión los zarpazos de la censura.

Publicado por Guillermo (Atreus) el 30 ene 2012 0 comments [Más...]

Antropocentrismo y tragedia humana en las estrellas.

El psiquiatra Kris Kelvin es enviado a la estación espacial Solaris, que toma su nombre del planeta sobre cuya superficie se mantiene a pocos centenares de metros de altura. El planeta, un gigantesco océano de plasma de comportamientos antinaturales, y se dice que conscientes, ha supuesto durante décadas el mayor reto científico al que se ha enfrentado el Hombre en toda su existencia. Una vez llega a la estación, Kelvin se encuentra con un panorama insólito y claustrofóbico: un científico suicidado, otros dos convertidos en personas erráticas y desconfiadas, y por si fuera poco, la presencia de extraños visitantes ajenos a la estación, entre los cuales, Kelvin se reencontrará con Harey, su amada, fallecida años atrás…

Publicado por Guillermo (Atreus) el 7 may 2011 10 comments [Más...]
"La realidad es aquello que, cuando dejas de creer en ella, no desaparece" (Dick).

En un mundo futuro en que diferentes clases de capacidades psíquicas están a la orden del día, Glenn Runciter, el anciano presidente de Runciter Asociados, compañía que combate criminales psíquicos y el espionaje industrial, sufre el mortal ataque de un grupo rival mientras viajaba a Luna para supervisar un trabajo junto a un numeroso grupo de trabajadores dotados de poderes mentales. Ellos, liderados por Joe Chip, intentan regresar a Tierra a tiempo de preservar a su jefe en estado de semivida y así salvar su mente, pero llegan tarde. Sin embargo, una serie de sucesos inexplicables que ponen en entredicho la persistencia de la realidad aparente, comienzan a fustigar al grupo de trabajadores cada vez más, alterando el mundo que les rodea e incluso acabando poco a poco con ellos... ¿Qué sucedió realmente en Luna? ¿Qué está sucediendo con la endeble realidad material que envuelve a los protagonistas? Y sobre todo... ¿qué coño es Ubik?

Esta novela de Dick, que recientemente he leído por segunda vez desde que mi mejor amigo y compañero del blog Peliculeros me la regalara en 2004, es única e irrepetible como su propio autor, y en ella nos encontramos de lleno con las más importantes constantes paranoides y metafísicas que marcaron su obra literaria y su mente, y que han convertido a Ubik en su obra maestra a vista de la mayoría de sus lectores más entendidos, y asimismo en una de las obras más importantes del género.
Publicado por Guillermo (Atreus) el 6 mar 2011 4 comments [Más...]

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Materiales: acrílicos. Tamaño: 45x29 cm.

"Era un placer quemar. Era un placer especial ver cosas devoradas, ver cosas ennegrecidas y cambiadas. Empuñando la embocadura de bronce, esgrimiendo la gran pitón que escupía un kerosene venenoso sobre el mundo, sintió que la sangre le golpeaba las sienes, y que las manos, como las de un sorprendente director que ejecuta las sinfonías del fuego y los incendios, revelaban los harapos y las ruinas carbonizadas de la historia. Con el simbólico casco numerado -451- sobre la estólida cabeza, y los ojos encendidos en una sola llamarada anaranjada ante el pensamiento de lo que vendría después, abrió la llave, y la casa dio un salto envuelta en un fuego devorador que incendió el cielo del atardecer, y lo enrojeció, y doró, y ennegreció. Avanzó rodeado por una nube de luciérnagas (...), mientras los libros, que aleteaban como palomas, morían en el porche y el jardín de la casa. Mientras los libros se elevaban en chispeantes torbellinos y se dispersaban en un viento oscurecido por la quemazón. Montag sonrió con la forzada sonrisa de todos los hombres chamuscados y desafiados por las llamas." (De la traducción de Ediciones Minotauro; 2007).
Así comienza la poética distopía de 1953 de Ray Bradbury, uno de los clásicos literarios del siglo XX (y adaptado al cine en 1966 por Francois Truffaut)... y así es la imagen que siempre me ha venido a la mente leyendo esas líneas.

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Detalle del emblema metálico del casco.

[Ilustración originalmente publicada el 14 de Abril de 2010 en Ilustraciones Guillermo de la Peña].

Publicado por Guillermo (Atreus) el 12 feb 2011 0 comments [Más...]
Nuestras miserias, allá donde vayamos.
 
Ray Bradbury pertenece, tal y como es ampliamente considerado, a la vertiente más poética de la Ciencia-Ficción literaria. Algo por lo que fue y sigue siendo absurdamente criticado por algunos sectores, tan sólo por el hecho de buscar la belleza en su prosa y utilizar la ciencia apenas como vehículo de su ficción. Contrariamente a los estilos de otros autores del género, al autor no le interesa si en Marte el cielo no es azul o si el aire no es respirable, si la telepatía puede o no puede ser posible, o si el Sol sale del Este para ponerse en el Oeste. “Yo no proporciono verbiarios a los matemáticos y a los físicos”, se defiende el escritor. Nunca necesitó dar importancia o verosimilitud a los elementos científicos de sus relatos, porque lo que más importa en ellos es el mensaje y la reflexión, casi siempre con las elevadas cotas de misantropía que caracterizan al autor.

Publicado por Guillermo (Atreus) el 23 ene 2011 5 comments [Más...]
Viajemos, para los todavía despistados, al simbólico y melancólico mundo futuro de los súper-robots.


Gestada durante años por el tandem Stanley Kubrick/Steven Spielberg y ambientada en un futuro no demasiado lejano en que la Humanidad da sus últimos estertores consumida por su propia deshumanización, Inteligencia Artificial (A.I. Artificial Intelligence) narra el angustioso periplo de David, un niño robot “más humano que los humanos” y capaz de amar más que ellos, movido por el amor hacia su madre en su intención de querer ser un niño de verdad.
Publicado por Guillermo (Atreus) el 16 ene 2011 9 comments [Más...]
Un relato acerca de lo que nos define como humanos.

INTRODUCCIÓN: Una experiencia personal.

La sala de cine está totalmente en oscuridad. Suena un lejano sonido de percusión, y unos créditos iniciales comienzan a aparecer en pantalla, mientras una melodía electrónica, pausada, ascendente y descendente como una respiración, nos va preparando para lo que circulará ante nuestros ojos durante las siguientes dos horas. Una tremenda explosión de fuego nos sorprende, y en apenas un segundo, somos transportados a la infernal Los Ángeles del año 2019. Un turbio horizonte de altas y oscuras torres, con más explosiones por aquí, y por allá. Un vehículo aéreo Spinner pasa junto a nosotros con un sonido intenso. Al fondo, vislumbramos unas inmensas construcciones semejantes a los templos de un Dios, y de repente, el ojo del mismísimo ángel caído Roy Batty llena la pantalla mientras, tras descender de los cielos, contempla el infierno extendido ante él, como un reflejo de la fascinación del espectador ante un inicio fílmico tan sugerente y poético al son de la magistral composición de Vangelis.

Viendo Blade Runner en el cine, las sensaciones se amplifican, y sentimos más miedo que nunca ante esa imagen de un futuro equivalente al fin de la humanidad. Un futuro tan distante, oscuro y pesimista, y al mismo tiempo tan cercano y tangible, en el que los seres humanos han perdido hasta la noción de su propia muerte y de un tiempo que nunca es suficiente. Vemos cómo un cínico "Bladerunner" llamado Rick Deckard (Harrison Ford) le demuestra a una replicante sin conocimiento de serlo llamada Rachel (Sean Young) que no es humana y que todos sus recuerdos y experiencias no son reales... y sentimos la mayor de las tristezas existenciales por ella. Vemos cómo un confuso Deckard colecciona recuerdos, sueña inconscientemente con la inmortalidad, y que de tan perdido no se da cuenta de que las constantes de los replicantes a quienes persigue son las constantes que también lo definen a él mismo... y sentimos empatía hacia él. Viendo Blade Runner en el cine, nos sentimos más dentro de la película que nunca, errando a través de esas sucias calles atestadas de individuos que van a lo suyo, respirando aire tóxico y enrarecido entre columnas de vapor y humo en una noche perpetua, rodeados de luminosos rótulos orientales, publicidad desmesurada, y protegiéndonos de la lluvia con nuestros paraguas luminosos. Alzamos la mirada hacia donde el cielo siempre es oscuro, y entre innumerables anuncios videográficos que nos incitan al uso del tabaco y los anticonceptivos para intentar controlar la superpoblación, una voz electrónica desde un aeroplano nos suiere huir hacia las colonias del “Off-World", el Mundo Exterior, donde hay terrenos libres, aire puro y oportunidades de vida. Pero en el fondo, sabemos que nunca podremos alcanzar ese sueño utópico y salir de este pedazo de roca industrializada y en decadencia llamada Tierra.

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He perdido la cuenta de las veces que habré visto esas mismas imágenes durante los últimos años, pero lo que no olvidaré es que nunca antes de contemplarlas en la pantalla grande las había sentido de tal modo. Alcanzando un especial punto máximo durante la secuencia final en el Edificio Bradbury: el enfrentamiento final entre Deckard y Roy Batty (Rutger Hauer) en el que el cazador se convierte en la presa. Una secuencia que emana de principio a fin un amplísimo catálogo de sensaciones como la locura, el miedo, la desesperación, el dolor físico, el dolor espiritual, la nostalgia... e incluso el amor. El amor de los replicantes por sus congéneres, por sus recuerdos y sus sentimientos. Y no sólo amor por la vida de cada uno... sino por todas. El fascinante Roy Batty, esclavo y ángel caído, concluye su trágico periplo personal habiendo alcanzado la mayor cota a la que puede aspirar la humanidad: la empatía. Y con ello, se prepara para aceptar su propia muerte, finalizando la secuencia con uno de los pasajes cinematográficos más evocadores que he visto en mi vida.

¿Qué esconde Blade Runner? ¿Qué oculta su aparente simplicidad argumental de corte “noir”, en la que un policía “Bladerunner” debe dar caza y “retirar” a cinco replicantes fugados y ocultos en una caótica Los Angeles del año 2019? ¿Qué la hace tan trascendental y poética? Intentemos llegar a alguna conclusión; pero antes de introducirnos en temas de tal profundidad, hagamos un repaso a la turbulenta historia de las distintas versiones por las que esta historia tuvo que atravesar.

1 - RODAJE y VERSIONES

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"Ridli" Scott junto a un Spinner, en 1982.

Ridley Scott, que venía del infructuoso proyecto de trasladar Dune a la gran pantalla con la producción de Dino DeLaurentiis, aceptó encargarse del filosófico guión de Hampton Fancher y retocado por David Webb Peoples, basado bastante libremente en la obra de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ojejas eléctricas? Se iniciaba, de esta forma, un complejo rodaje que fue un cúmulo de avatares en el que prácticamente todo se le fue viniendo encima: problemas de financiación con los desconfiados productores, malas relaciones entre los actores, choques de ego, quejas de miembros del equipo hacia Scott, la apatía de un Harrison Ford hastiado de un rodaje aburrido y de un personaje que a cada nueva revisión de guión perdía heroicidad a pasos agigantados, e incluso el creciente parkinson de un Jordan Cronenweth (director de fotografía) cada vez más enfermo.

Una vez completado el complejo trabajo, por si fuera poco, Scott se vio ante la obligación por parte de los productores de mutilar su propio film, dado que el resultado final era demasiado oscuro y pesimista para los gustos acomodados de estos, temiendo que tanta complejidad y frialdad repercutiera negativamente en taquilla. La polémica escena del sueño del unicornio, que Scott rescataría en 1992, fue la primera secuencia en ser eliminada del montaje por ser "demasiado artística" y creer que no concordaba con el tono general. En este punto, se hace necesario insistir en la originalidad de dicha escena, pues uno de los bulos más grandes generados a lo largo de internet en relación a Blade Runner afirma que se trata de una escena eliminada de un largometraje posterior de Scott, Legend (1984), y que la idea de incluirla para dar una vuelta de tuerca al personaje de Deckard le vino a la mente en 1992. Sin embargo, estas afirmaciones son totalmente erróneas. No sólo la música de Vangelis que acompaña a esa escena es original de la época y no pertenece a ningún otro momento del film; también existen publicaciones de 1982 en las que el mismo Scott se refiere a la existencia de dicha escena antes de ser eliminada, y al propio mensaje que sugiere: que Deckard es un replicante, como analizaremos más adelante. De esta manera, las decisiones de los productores lograron acabar no sólo con la consistencia del film en su descripción de replicantes y humanos, sino con el golpe de ironía del final.

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La escena del Unicornio es original y NO pertenece a la película Legend.

Otro de los grandes cambios a los que fue sometido el primer montaje consistió en la inserción de numerosos monólogos de voz en off del protagonista con la excusa de querer aportar al film un tono más "noir". Unos monólogos incómodos y redundantes cuyo único propósito era explicar lo que ya se sugería a través de las imágenes y que no hace falta explicar, haciendo de esta forma un film menos críptico y complicado, tal vez por causa de ese temor tan fuertemente arraigado en Hollywood a que los espectadores se vean obligados a pensar y deducir por ellos mismos. Por si fuera poco, un último cambio fue la inclusión de un lamentable final feliz en la peor tradición del cine comercial, mostrándonos a los dos protagonistas juntos y felices con el objetivo de que los espectadores salieran del cine con una sonrisa en sus rostros. Para tal, se hizo uso de una explicación metida con el más grande de los calzadores (“Tyrell me dijo que Rachel era especial...”) y de escenas aéreas que eran meros descartes del inicio de El Resplandor de Kubrick, sin que se nos explicara de dónde sale ese impresionante paisaje verde, natural, boscoso y de aire puro, si a lo largo de todo el metraje se ha reiterado la idea de un mundo superpoblado y contaminado en su totalidad.

Estrenada en 1982, esta fue la versión que todos pudieron ver en cines, en televisiones y en su distribución en vídeo. Curiosamente, se trata de una versión que, hoy en día, bastante gente continúa considerando como la única y verdadera de Blade Runner aún a sabiendas de que fue el resultado de una mutilación ejecutada por los productores por motivos estrictamente comerciales; opinión supongo que debida, al menos en la mayoría de los casos, a conceptos subjetivos como la nostalgia o la costumbre. El total fracaso de taquilla y de crítica del film en el momento de su estreno es de todos bien conocido. Pero con el paso de los años, comenzó a alzarse entre un número cada vez más amplio de entornos y personas que descubrían que se trataba de una película más profunda de lo aparente.

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1992 fue el año en que para celebrar el décimo aniversario de Blade Runner y editarla por primera vez en DVD, Ridley Scott se propuso a realizar las oportunas modificaciones para enseñar al mundo aquella que debería haber sido su propia visión del film, pudiendo por fin eliminar los elementos impuestos. Esto se debió a la fortuita aparición en los archivos de la Warner de una copia en mal estado de la secuencia inédita del unicornio, que al ser añadida acabó por desatar la polémica. El montaje fue conocido como Blade Runner: The Director’s Cut (el Montaje del Director). Pero a Scott no le fue concedido el tiempo suficiente para realizar todo cuanto tenía planeado, ni siquiera para restaurar debidamente la secuencia reaparecida, dando como resultado un “Montaje del Director” que en realidad lo era a medias, y que aunque otros pusieran las palabras en su boca, él jamás reconoció como tal.

Toda esta larga historia de batallas concluyó el pasado 2007 en el 25 aniversario de la película, una vez los derechos del film se vieron libres de las manos de Jerry Perenchio y los demás productores. Así, Blade Runner: The Final Cut (el Montaje Final) es la versión supuestamente definitiva de esta obra maestra, gozando de una impecable limpieza de sonido e imagen (aún a costa de perder el ya familiar tono azulado de la fotografía por un tono más verdoso, que aporta al film un aspecto tal vez menos "bonito”, pero más opresivo y “tóxico”), y en la que se han ocultado digitalmente elementos como los cables de los Spinners aéreos, y especialmente solucionado los numerosos errores de continuidad del metraje: el rostro de Zhora (Joanna Cassidy) en la escena de su muerte, la boca de Harrison Ford durante su breve diálogo con el vendedor de serpientes, el primer plano de Roy en la cabina telefónica, etc. Una versión que probablemente salga a la luz en el dichoso formato 3D en un futuro próximo, pero sin ninguna modificación más allá del traspaso a este sistema.

2 - CINEMÁTICA

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Al hablar de Blade Runner, es imposible no referirse a la pulcritud que manifiesta en todos sus apartados técnicos. La atmósfera del film se ha convertido en una de las más conseguidas e influyentes del cine moderno; una perfecta envoltura conseguida gracias a la unión de la fotografía del gran Jordan Cronenweth, con esas gamas cromáticas de la ciudad y ese magistral uso de los claroscuros con los haces de luz; el diseño artístico del film, fantástico a la vez que verosímil (algo muy complicado de conseguir cuando hablamos de ciencia-ficción) gracias a la irrepetible unión de la imaginación del diseñador “futurista” Syd Mead, la del propio Ridley Scott y muchos más; la música de Vangelis, quien cohesiona todos estos elementos gracias a una partitura orgánica rica en infinitas variedades de sonidos, estilos, texturas y sensaciones; y por supuesto la planificación y dirección del cineasta británico, muy alejado de sus tristes toques "videocliperos" de la actualidad. Ese perfecto equilibrio, logrado entre la extrema preocupación de Scott por todos los aspectos estéticos de la imagen y los recursos más aparentemente simples de un tipo de cine más impresionista y contenido, hace que se trate de una de las pocas películas de dicho director (al lado de Los Duelistas y de esa otra obra maestra titulada Alien) que no se ponen en entredicho por quienes vemos con escepticismo el resto de su filmografía hasta nuestros días.

Toda esta pureza artesanal sirvió, por otro lado, para redondear el ya de por sí buen trabajo de guión de Fancher y Peoples, excelente tanto en los grandes -y reales- conocimientos científicos en materia de genética que maneja, como por la magnitud de su mensaje y la poesía de su final.

3 - FILOSOFÍA y SIMBOLOGÍA

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Otra de las grandes cualidades de Blade Runner, si no la que más, es suponer una disertación acerca de cuestiones filosóficas de primer grado, implícitas en nosotros, y que nos llevan atormentando desde que la humanidad adquirió el uso de la razón; así como por hacer que el espectador se sumerja tras su visionado en un tormentoso mar de preguntas sin respuesta acerca de la existencia (“¿de dónde venimos?”), nuestra propia identidad (“¿qué somos?”), y el final al que nos conducen nuestros caminos (“¿a dónde vamos?”, “¿cuánto voy a durar?”), algo que pocas películas como 2001 Una Odisea Del Espacio de Kubrick (manteniéndome dentro del género) consiguen transmitir.

Asimismo, Blade Runner es un film que juega mucho con el simbolismo. El grandísimo número de detalles, imágenes o elementos metafóricos y alegóricos que contiene, o que en su defecto creemos ver, refuerzan de alguna forma las cuestiones explicadas en el anterior punto y, al mismo tiempo, aportan a la película otro tipo de mensajes, como el religioso (las continuas referencias al Paraíso Perdido de Milton y el mito del ángel caído, el infierno representado en la ciudad de Los Ángeles, el énfasis de la película en los ojos y en el concepto de la inmortalidad, el intenso teocentrismo que rodea a la figura de Eldon Tyrell (Joe Turkell), el replicante Roy Batty presentándose ante su creador en busca de las Grandes Respuestas y su posterior descenso metafórico a los infiernos en el elevador, la paloma blanca ascendiendo tras su muerte, etc.), el mitológico (el tantas veces tocado discurso de la creación contra su creador… o en esencia el del Hombre contra Dios) e incluso el mensaje “Nietzschiano” (la muerte de Dios -Roy Batty matando a Tyrell- y la posterior consecución del "Superhombre" -las muestras de su poderío físico y su plena conciencia empática final-).

4 - PROFECÍA

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Como tercer cualidad, podríamos destacar su minuciosa visión sociopolítica y, como se suele decir, lo bien que veinticinco años atrás supieron anticiparse a problemas de triste actualidad. Pongamos como ejemplos la globalización, el hermetismo individual, la contaminación ambiental, la extinción progresiva de especies animales, la búsqueda cada vez más necesaria de lugares mejores que el mundo que nos rodea (las colonias del "Off-World"), las enfermedades y su cruel aprovechamiento con fines comerciales (tal es una de las posibles lecturas del caso de J.F. Sebastian y su dolencia degenerativa, posiblemente aprovechada para el control de los replicantes), la corrupción de elementos culturales como el lenguaje (ese idioma urbano, amalgama de muchos otros) o las tradiciones (esas Geishas fumando y tomando anticonceptivos), la cada vez mayor dominación de oriente sobre occidente, la inmigración (¿qué es Deckard sino un agente encargado de cazar y "retirar" -brillante eufemismo- a inmigrantes ilegales?), los peligros de jugar a ser Dios con la ciencia, el auge de los sistemas totalitarios más o menos encubiertos (la continua presencia de policías por las calles de la ciudad), y hasta el perenne uso del esclavismo (los replicantes en las colonias). Todo ello un fiel reflejo de problemas a los cuales no sólo no hemos encontrado solución, sino que cada vez están más y más presentes.

5 - REALIDAD e IDENTIDAD: ¿Es Deckard un replicante?

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Finalmente, y no por ello menos importante, la otra gran cualidad es la confusión de identidades de los protagonistas y lo magistralmente bien utilizada que está a lo largo del metraje de cara al espectador. Una trama que, al lado de la descripción que se hace de la aséptica sociedad humana del futuro, es probablemente el más importante punto de contacto del film con la obra literaria en general de Philip K. Dick.

Cuando comienza Blade Runner, creemos que los replicantes son algo semejante a cyborgs asesinos sin piedad. Sin embargo, cuando concluye, acabamos con la sensación no sólo de que así son en realidad los humanos, sino que la línea que separa ambas identidades (humana y replicante) es tan fina que tal vez ni siquiera exista, pues ambas funcionan a modo de metáfora del ser humano, diferenciando entre quienes han perdido todo rasgo de humanidad y quienes todavía son capaces de sentir como tal. Para intentar analizar este proceso de "metamorfosis" de replicantes que acaban por ser más humanos que los propios humanos, debemos meternos de lleno en la célebre y persistente polémica que atañe desde 1982 al personaje principal: ¿es Deckard un replicante, o es un humano? Y para tal, debemos regresar a la anteriormente mencionada escena del Unicornio. En el Blade Runner FAQ se destacan, a propósito de la misma, las siguientes interesantes y reveladoras declaraciones de Ridley Scott publicadas en el reportaje "The Blade Cuts", del número 51 de Noviembre de 1982 de la revista inglesa Starbust:
Scott: ...has visto la versión [del guión] con el unicornio?
McKenzie: No...
S: Creo que la idea del unicornio es fantástica...
M: La diferencia obvia es que el mismo Deckard es un replicante.
S: Si. Es lógico, en particular si estás haciendo un film noir, puedes seguir en esa línea, y que el personaje central pueda, de hecho, ser lo que persigue...
M: ¿Has rodado ya la escena en el claro con el unicornio?
S: Totalmente. Se recortó en la película, y creo que funcionaba a la perfección. Deckard estaba sentado, tocando el piano bastante mal por estar bebido, hay un momento en que se queda traspuesto y entramos en las escenas del unicornio surgiendo del bosque. No es subliminal, pero es una escena muy corta. Volvemos a Deckard y no hay absolutamente reacción ante eso, simplemente la escena sigue. Ahí es donde reside toda la idea del personaje de Gaff con su papiroflexia -- la gallina y el pequeño hombre "empalmado", de manera que la figura del unicornio te dice que Gaff ha estado allí. Una de las interpretaciones de la película se refiere a pensamientos privados y recuerdos, así que ¿cómo sabía Gaff que ciertos pensamientos propios de Deckard eran sobre un unicornio? Es por ello que Deckard sacude su cabeza así [refiriéndose al asentimiento de Deckard tras recoger el unicornio de papel]." [...]
M: ¿Te desagrada que las referencias a que Deckard sea un replicante ya no estén?
S: La sugerencia sigue ahí. ¡Los franceses la pillaron en seguida! Creo que es interesante que pueda serlo. (Fuente: Blade Runner FAQ).
La respuesta a la polémica pregunta sobre la identidad de Deckard es, indudablemente, . La versión original del film de 1982 eliminaba la escena clave de esta sugerencia, pero mucho antes de la aparición del montaje de 1992, las sospechas ya habían comenzado a extenderse entre los aficionados gracias al gran número de detalles del film que respaldan este hecho. Como tampoco es concluyente, podemos afirmar que esta versión manipulada mantiene una cierta ambigüedad, dejando la respuesta al antojo de las preferencias de cada uno. No obstante, en la versión definitiva de Blade Runner que es el Final Cut, esta idea se presenta de una forma muy clara.

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Para empezar, hay ciertos detalles repartidos a lo largo del metraje que funcionan a modo de indirectas dirigidas al espectador: no sólo la pregunta de Rachel sobre si alguna vez Deckard se ha aplicado el test a sí mismo, o la frase del jefe Bryant “Vamos, Deck, necesito al viejo Bladerunner”. También se nos dice que los replicantes coleccionan “preciadas fotografías”, y el piano de Deckard está totalmente cubierto de recuerdos y memorias de esa clase. Por no mencionar la escena en que, muy sutilmente, al Bladerunner le resplandecen los ojos como sucede con los demás seres artificiales mostrados en el film.

En segundo lugar, existe otra serie de detalles a los que la gente no les suele prestar atención y pasan desapercibidos. Conforman la notable transformación psicológica de Deckard a lo largo del metraje, quien, por explicarlo sirviéndome de la ironía del film, se humaniza “pasando de humano a replicante”. Cuando comienza la película y no tenemos ningún motivo para pensar que Deckard puede ser un replicante, se comporta tal y como los demás humanos: es una persona fría, metódica, solitaria e incluso cruel, carente de empatía. No obstante, a medida que se desarrollan las situaciones a las que se ve enfrentado (y mientras, paralelamente, comprobamos que los replicantes son cada vez más un cúmulo de emociones y se muestran, tal y como dice el lema de la Tyrell Corporation, más humanos que los humanos), Deckard comienza a mostrar progresivamente sus sentimientos: el miedo, el dolor, las dudas sobre sus propios métodos... y el amor.

No puede, por lo tanto, ser un humano por la sencilla razón de que estos, todos, son descritos como una sociedad de seres deshumanizados. Y si lo fuera, Deckard representaría entonces una especie de excepción heroica a la regla que, admitámoslo, conduciría el mensaje de la película hacia un callejón sin salida. Ese hipotético toque Hollywoodiano de “última esperanza” representado por un humano que todavía conservara su esencia, no casaría en absoluto en una película como Blade Runner. Deckard es un replicante porque, de este modo, todas las piezas mostradas y sugeridas a lo largo del film encajan a la perfección.

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Y en tercer lugar está, claro, la anteriormente referida escena del sueño del unicornio, y la conclusión final con el origami que Gaff (Edward James Olmos) deja a las puertas del apartamento. Las tres figuritas de papel que este misterioso personaje (el más “Orwelliano” del film, pues no deja de vigilar todos los movimientos de Deckard apareciendo en todos los puntos de inflexión del guión) hace en la película, son representaciones de los estados psicológicos de Deckard en cada momento. La gallina que hace en la comisaría al principio del film tiene que ver con la negativa de Deckard de aceptar la misión, sugiriendo que no lo hace por cobardía. La segunda figurita, la del hombrecillo con el miembro izado al viento, quizás quiere sugerir que Gaff conoce los sentimientos internos que Deckard ha comenzado o eventualmente comenzará a sentir por Rachel. Y finalmente tenemos el unicornio, ser mitológico símbolo de la eternidad, y que nos deja al mismo tiempo tres mensajes distintos:

1) Gaff sabe de la preocupación de Deckard por la efímera vida de Rachel (“¡Es una pena que ella no pueda vivir!”);
2) ha estado en el apartamento de Deckard, pero les da una oportunidad de vivir o un margen de tiempo para huir, una vez Deckard y Rachel se convierten en fugitivos;
3) y por supuesto, que conoce los sueños más íntimos y personales de Deckard, revelándole su verdadera naturaleza de replicante.

Merece la pena destacar que, al hilo de este último punto, Gaff hace con Deckard exactamente lo mismo que este hace con Rachel cuando le revela cruelmente que ella es una replicante. Él ha leído los informes de Rachel, y conoce hasta el más íntimo de sus recuerdos, lo cual puede explicar, a su vez, por qué Gaff conoce los sueños de Deckard. De hecho, todo cuanto sucede con Rachel funciona como una especie de anticipación de lo que sucede posteriormente y a un nivel más amplio con Deckard. Las situaciones de ambos forman un perfecto paralelismo, hasta tal punto que una de las fotografías que cuelgan del piano de Deckard muestra un porche totalmente idéntico al de la fotografía de Rachel con su madre. Y la progresión “in crescendo” en la que, en este sentido, se va narrando la confusión de identidades primero de ella, y paralelamente la de él, es simplemente magistral por parte del realizador y el guionista.

Cuando nosotros creemos que es una mujer normal y corriente (y ella también lo cree), se comporta de una manera fría y mecánica como una humana. Pero cuando sospecha de sí misma y finalmente Deckard le revela su verdadera naturaleza, Rachel da rienda suelta a sus sentimientos: las dudas, los llantos, el dolor y el amor. Todo ello reflejado en ese maravilloso segundo encuentro en el apartamento de Deckard (una de las escenas más intensas de la película) en el que, en el colmo de la ironía, nos asombramos ante la trascendental metamorfosis de Rachel: en apenas segundos, deja de ser un “muñeco humano” de cabello perfectamente repeinado, piel brillante como el plástico y de ángulos rectos y forzados (esas hombreras), para “transformarse” en una replicante absolutamente humana, bella, sensual, y de emociones tan desatadas como su cabello. Una escena tan trascendente, tan cargada de significado y resuelta con tal sencillez que es de asombro.

CONCLUSIÓN

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Blade Runner es una película que, cada vez que la veo, más me hace reflexionar. No sólo en el oscuro y pesimista futuro que paso a paso ayudamos a construir. También me hace pensar en el tiempo. Me hace recordar que todos somos seres efímeros, y un día desapareceremos. ¿Cuánto tiempo me queda hasta entonces? ¿Me parecerá insuficiente el tiempo que he tenido? ¿Y a dónde se irán todas esas experiencias, todos esos recuerdos y todo el amor que habré sentido y que en estos momentos me son tan preciados? En estos tiempos en que somos cada vez más conscientes de enfermedades degenerativas todavía sin cura como el alzheimer, pocas cosas nos pueden parecer más injustas y crueles que el perder nuestros propios recuerdos; todas aquellas experiencias que, cual ladrillos de una estructura, conforman pieza por pieza lo que somos cada uno de nosotros como personas. Y las inmortales palabras finales de Roy Batty llorando en la lluvia resonarán por siempre en mi cabeza.

Al igual que el mito de la caverna de Platón, Blade Runner funciona como una parábola pesimista sobre el ser humano y sobre el valor de todo aquello que nos hace como tales y nos estimula a mirar más allá, frente a un mundo que, cada vez más y más, se ahoga en su propia deshumanización.


[Reseña publicada originalmente en el blog PELICULEROS el día 3 de diciembre de 2008 y retocada y ampliada en noviembre de 2010]
Publicado por Guillermo (Atreus) el 14 nov 2010 52 comments [Más...]
Fue en la noche del 8 de Septiembre de 1966, cuando la cadena estadounidense NBC emitió el primer capítulo de una serie de televisión que, muy poco a poco, acabaría por convertirse en uno de los seriales más importantes de la historia del medio, y por encima de todo, en un fenómeno sociológico y cultural que ya forma parte inherente de la cultura moderna occidental, para bien y para mal.

La novedad de Star Trek era que se trataba de una serie que no hablaba sobre la guerra, sino sobre la paz. Su bienintencionado creador, Gene Roddenberry, aunó algunas de las pautas aventureras de la “Space Ópera” y las sensibilidades sociales de aquellos revolucionarios años sesenta como el pacifismo, la igualdad sexual, las integraciones raciales y culturales o el amor por la naturaleza, con muchas de las constantes filosóficas y humanistas de la Ciencia-Ficción literaria de la época (discursos por aquel entonces escasos en el cine o la televisión), en una amalgama inusual que Roddenberry tomó como medio para poder expresar y compartir dichas inquietudes de forma muy sencilla y digerible, y al mismo tiempo difundir sus esperanzas más optimistas en la posibilidad de un futuro de paz y progreso en que la humanidad consigue erradicar el hambre, las desigualdades, la guerra e incluso el dinero. Todas esas inquietudes, centradas en Grandes Preguntas como nuestro papel en el Cosmos o la búsqueda de Dios, resultaron inusuales en una sociedad más acostumbrada a historias televisivas más típicas de buenazos y malotes, pero al final lograron calar hondo en un público de fieles telespectadores que semana a semana hacían volar sus fantasías y esperanzas junto a la tripulación del USS Enterprise en su búsqueda de respuestas y nuevos mundos a lo largo del Espacio, la última frontera.

Publicado por Guillermo (Atreus) el 31 oct 2010 0 comments [Más...]
'concept art' Dune de David Lynch
“Esta vez, todo había terminado. Los hombres no realizaban ya ningún trabajo; las máquinas los sustituían por completo. Vivían retirados en sus refugios antirradiactivos y lentamente iban paralizándose, sin fuerzas siquiera para procrear. Pero esto no les importaba, puesto que los robots les proveían de todo lo que podían necesitar. Así, los últimos hombres terminaron muy pronto por atrofiarse completamente. Entonces, los autómatas los eliminaron tranquilamente. Después de tantos siglos desde que el hombre los creara, esperaban con ansia ese momento. Después, pensaron que al fin podrían descansar. Pero muy pronto se dieron cuenta de que para ello necesitaban servidores. Así, inventaron a los hombres…” Los Sustitutos, de Bernard Pechberty.
En este relato corto, probablemente escrito entre las décadas de los sesenta y los setenta, y que he querido destacar para la inauguración de este nuevo blog, se nos presenta uno de los pilares narrativos más célebres del género de la Ciencia-Ficción: el de la vida artíficial y nuestro miedo natural a ser sustituídos por ella (el «Complejo de Frankenstein»). Sin embargo, esta temática, nacida en los antiguos folclores de la Humanidad, fermentada a través de la literatura y que tantas horas de entretenimientos nos ha aportado a través del cine (Inteligencia Artificial, Blade Runner, Battlestar Galactica, Almas de Metal, Matrix, Terminator, Dune…), encierra profundas reflexiones humanistas que, generalmente, son pasadas por alto por una sociedad tendente a dejarse llevar por los tópicos y más atenta a los continentes que a los contenidos. Desde los humanoides artificiales de la antigua Grecia, pasando por los homúnculos y Golems de los folclores medievales hasta los androides de las narraciones contemporáneas, las historias del Hombre enfrentado a sus coetáneos artificiales han sido siempre una constante temática que nos ha acompañado durante milenios. En ellas podemos encontrar, reflejadas entre líneas, críticas a los regímenes esclavistas o a las tendencias jerárquicas de nuestra Humanidad, como sucede con los “Robots” de la obra de 1920 R.U.R., de Karel Čapek (donde, por cierto, se acuña por primera vez este popular término). Se pueden vislumbrar, también, alegorías de la progresiva deshumanización de nuestra raza o reflejos de los conflictos “raciales”, como sucede –a un nivel profundo, eso sí– en obras como Blade Runner. O podemos encontrar, asimismo, reflexiones en torno a la tendencia natural de nuestra Humanidad a jugar a ser Dios por medio de la creación de vida, o bien acerca de nuestros implícitos deseos naturales de conocer las respuestas a las Grandes Preguntas y hallar a nuestro Creador (como sucede en Star Trek: La Película, Inteligencia Artificial, Frankenstein o en la citada Blade Runner, donde incluso se nos muestra un Patricidio con poderosos tintes nihilistas).
Sea como sea, el punto de conflicto de estas historias es siempre el mismo: la sublevación del oprimido sobre el opresor. Pues el Hombre, plenamente consciente de sus miserias y sus limitaciones, siente terror hacia sus propias creaciones porque en ellas se ve reflejado a sí mismo. No es de extrañar, por tanto, que muchas de las obras capitales de este género hayan sido escritas en algunos de los momentos más frágiles de nuestra propia historia. Pero este no es la única temática de este género que, parafraseando a Juan José Plans, tal vez sea el más peculiar de los tiempos en que vivimos. Futuros posibles; parábolas políticas, sociales o religiosas; hipótesis sobre nuestro lugar en el Cosmos; invasiones extraterrestres; aventuras espaciales… Tanto en las obras de los lejanos precursores del género como Luciano de Samosata, Tomás Moro, Jonathan Swift, Voltaire o Mary Shelley, como en las de autores contemporáneos como Brian Aldiss o Robert A. Heilein, en este género caben tanto los positivismos como los pesimismos, y sea cual sea la temática de una obra de Ciencia-Ficción, al final, la gran mayoría de ellas confluye en lo mismo: funcionar a modo de una visión crítica de nuestro tiempo, entendida por medio de la extrapolación. Así, por muy viscosos que sean unos o por muy metálicos que sean otros, tanto los extraterrestres como los robots de este género literario son, en el fondo, el reflejo que resulta de observarnos a nosotros mismos en el espejo y asustarnos de lo que vemos. Desde las anticipaciones científicas de Julio Verne o H.G. Wells hasta los futuros distópicos de George Orwell o Aldous Huxley; desde la poesía nostalgica de Ray Bradbury hasta la pesimista epistemología de Stanislaw Lem; desde los imaginarios futuros de Isaac Asimov hasta los anhelos evolutivos de Arthur C. Clarke; pasando por las divertidas aventuras “pulp” de Edgar Rice Burroughs o Alfred Bester, o a través de los laberínticos futuros mentales de Philip K. Dick… La Ciencia-Ficción ha ido evolucionando a través de dos mil años de historia literaria gracias a una larga serie de autores comprometidos; analistas sociales que han sabido reflexionar, con mayor o menor fortuna pero de un modo siempre atractivo y entretenido, acerca de inquietudes que para nada son simples o intrascendentes. Y aunque no podamos saber cómo será el propio porvenir de este género en el futuro, lo que está claro es que, mientras exista, seguirá siendo reflejo de nuestras cuestiones humanistas, y el mismo campo fértil que ha sido siempre donde poder verter y articular tanto nuestras esperanzas como nuestros temores. Seamos cautos…
[Fotografías: fotogramas de la introducción de la versión extendida de Dune (de David Lynch; 1984)].
Publicado por Guillermo (Atreus) el 22 oct 2010 4 comments [Más...]