
Hay un famoso problema en física cuyo desafío matemático ha dado nombre y servido de trama a una obra de ciencia-ficción reciente muy conocida: el problema de los tres cuerpos. En él, se describe cómo tres masas gravitatorias se mueven bajo su mutua atracción. Su belleza reside en su complejidad: a diferencia del problema de dos cuerpos, no tiene una solución general predecible. Sus interacciones son un sistema dinámico, a menudo caótico, y siempre fascinante.
La ciencia-ficción configura un universo similar. En él interactúan las Obras, el Público —ese gran cuerpo de miedos, deseos y anhelos— y los Autores, que no son elementos externos, sino que surgen de esa misma masa social, condensando sus ideas originales y alternativas en una visión única. En este artículo se propondrá un modelo orbital para explicar cómo estos tres elementos se influyen mutuamente, condicionando tendencias y proyectando al futuro tanto los anhelos como los temores
de la sociedad. Un equilibrio complejo que, pese al caos, manifiesta una belleza armónica singular.
Supóngase que, siguiendo el modelo descrito, estos tres cuerpos celestes que definen el universo cultural —Autor, la Obra y el Público— poseen cada uno su propia masa —su influencia, sus ideas, sus expectativas— y ejercen una «fuerza gravitatoria» ineludible sobre los demás. Entender la ciencia-ficción no es solo catalogar sus temas, sino analizar la «danza gravitacional» de este trío, un equilibrio inestable que ha dado forma a todo, desde sus orígenes hasta su presente.