Archivo de 2010
La Historia o la Literatura, no adquieren verdadera popularidad en nuestros días mientras no se haya representado algún fragmento histórico, no se haya versioneado alguna obra, o no se haya utilizado en la gran pantalla algún recurso o idea proveniente de alguno de estos otros ámbitos culturales menos conocidos o populares.
La cuestión final es que un mismo recurso, en la mayoría de ocasiones proveniente del mundo literario, una vez se utiliza con acierto en el cine por primera vez, resulta difícil hacer algo parecido posteriormente sin recordar a esa primera ocasión, y mucho más difícil resulta hacerlo mejor. Cuando esto sucede podemos decir lo siguiente: ha nacido un clásico.
En otras ocasiones, se recurre a ellos como un recurso fácil para resolver una escena, o para asegurarse un éxito mínimo entre el gran público que se supone demanda un producto determinado. Es en definitiva en estos casos, el uso de fórmulas conocidas y probadas, sin calentarse la cabeza demasiado para lograr productos aceptables. Solo en algunas ocasiones se logra un éxito mayor al reutilizar una idea.
Veamos a continuación algunos ejemplos:
El Terror en la ciencia-ficción
Alien (la saga) es un referente actual en cuanto a la fusión de los géneros de terror y de Ciencia-Ficción. Situaciones similares se han utilizado posteriormente con diferentes resultados, como se explicaba anteriormente en Pitch Black, y en otras como Event Horizon. La característica principal que las distingue como obras de Ciencia-Ficción, además de simplemente el escenario futurista, es el de utilizar como adversario de los protagonistas y como generador de la angustiosa situación en la que se encontrarán, un ser cuya existencia se explica con un supuesto científico. En el último caso citado, unos experimentos con el horizonte de sucesos dan lugar a la aparición de una serie de visitas con no muy buenas intenciones (supuesto científico muy en controversia), y en los otros casos como ya sabemos, un ser alienígena.


Compañero de viaje «incomodo»


También en Aliens, el regreso, aparece otro robot humaniforme, mencionando además a otro gran clásico de toda la Ciencia-Ficción originario de la literatura: las Leyes de la Robótica, de Isaac Asimov.

Este androide llamado Bishop, establece una relación con Ripley claramente inspirada en las que R. Daneel Olivaw, el robot de la Saga de la Fundación (de I. Asimov) establece con sus compañeros humanos, en cuanto a amistad y cooperación.
Los aliados contra la super-fortaleza

Creación de universos
Pero tal vez lo que realmente supuso Star Wars, fué la creación de un universo de posibilidades completo, donde cada uno podía situarse e inventar su propia historia. Todo un mercado adicional de productos, aumentaron la influencia y la sugestión en el público. Tal fué el éxito, que estimulo el surgir de otras sagas cinematográficas que conformarían sus propios universos, y puede que también de lo que se llamaría posteriormente franquicias cinematográficas, como la de Star Trek, una de las más famosas. Otros universos creados a imagen y semejanza, son Galactica: Estrella de Combate, Babylon 5, o incluso también Stargate.Texto originalmente publicado en: Gyzzma El ordenador que creía en Santa Claus
Libretraducción del relato corto de Terry Pratchett: The Megabyte Drive To Believe In Santa Claus, escrito en 1996.
Las circunstancias que rodean el fenómeno social de los años 60 de los superhéroes, provocan que este peculiar género esté rodeado de cierta ridiculización. En muy pocas ocasiones se ha analizado con un mínimo de relativa seriedad el origen de esta moda. Como principales excepciones se puede citar a Watchen (Alan Moore, Dave Gibbons, 1987) —adaptado al cine recientemente— y sobre todo, si existe un cómic que trate con desgarradora realidad este icono de la cultura popular no es otro que Miracle Man, versioneado por el mismo guionista (Alan Moore, Neil Gaiman, 1982).Sin embargo, en este artículo propongo a los lectores que vayamos más allá, y que busquemos en las entrañas de la Historia y el alma humanas, dónde se encuentra su origen.

Los personajes
La situación
Supuestos científicos
Artículo publicado originalmente en el blog Al Final de la Eternidad el 12 de noviembre de 2007
Artículo recomendado en Literatura Prospectiva el 27 de noviembre de 2010
Da gusto reseñar una película española sin tener que hacer referencia a los complejos progres que atenazan a la industria cañí. No hay nada políticamente correcto, ni se pagan peajes ideológicos. Tampoco hay desnudos injustificados –lo siento, chicos- ni moralinas. Simplemente es cine, y cine del bueno.
El filme se basa en la obra de Lovecraft, en el universo que construyó sobre los mitos de Cthulhu. No es el reflejo de una obra en concreto, aunque tiene el peso evidente de La llamada de Cthulhu, El horror de Dunwich y El caso de Charles Dexter Ward. Una buena señal es que a los críticos de El País, El Mundo y Cinemanía no les gustó.
El estilo que utiliza el director José Alemán, también guionista, en La herencia Valdemar es el del propio de Lovecraft: la narración del pasado por un sujeto del presente, que a modo de testimonio nos presenta el vínculo entre ambos tiempos. El terror se palpa, como en las obras lovecraftianas, sin necesidad de que se haga evidente. El suspense, entonces, es constante y elegante. A esto ayuda una banda sonora espectacular, compuesta por Arnau Bataller.
El escenario es Galicia, no Providence, aunque no se detiene en este aspecto, lo cual agiliza mucho la narración. La ambientación de la sociedad española del XIX es fantástica. Los decorados, vestidos, mentalidad y comportamientos sociales están muy conseguidos. El casting ha sido muy acertado, tanto la pareja protagonista, los Valdemar, como el periodista, el oscuro personaje nigromántico, y el mayordomo de la casa, que es, nada más y nada menos, que el recientemente fallecido Paul Naschy, el gran actor y director al que le debemos, entre otras La noche de Walpurgis (1971).
La historia cuenta la invocación inconsciente de fuerzas sobrenaturales, lo que el guionista ha tomado de El caso de Charles Dexter Ward. Los nigromantes reviven a personajes muertos y espíritus para alcanzar mayor conocimiento, pero esas prácticas acaban desatando fuerzas que ponen en peligro la civilización y hasta el orden cósmico. Recordemos que los mitos de Cthulhu se basan en la existencia de una raza alienígena que espera su resurrección para dominar otra vez la Tierra. He aquí una muestra de la peli:
La comparación con otras películas dedicadas al universo de Lovecraft es clara: estamos ante un buen filme. Por ejemplo, El horror de Dunwich ha tenido muy mala suerte cinematográfica. La película de 1970, de Daniel Haller, protagonizada por Dean Stockwell es un poco grimosa y cutre, además de tener una banda sonora lamentable, compuesta por Les Baxter. La música es un elemento crucial en el género de terror, y parece que algunos no se dan cuenta o lo sustituyen subiendo el volumen de los chirridos. Véase el caso de Drácula, de Bream Stoker (1992), en la que las piezas compuestas por Wojciech Kilar son lo más escalofriante, para bien, de la película. Otro tanto se puede decir de la película que para la televisión grabó Leigh Scott en 2009 y de Beyond the Dunwich de 2008 por Richard Griffin. Aquí un vídeo del bodrio:
Hay otras que molan, como ésta de Toei Animation, una japonesa:
| ¿Pero esto qué es? |
Tal vez sea la crisis creativa general en la que nos vemos envueltos, junto con el avance en sentido contrario de unos efectos especiales generados por computador que han bajado los costes de producción necesarios para emular las hazañas realizadas gracias a los superpoderes, las causas de esta proliferación. Sin embargo, parece que estas adaptaciones adolecen en su mayoría de detalles que no suelen agradar al público más fiel, mientras que la critica y la incomprensión se adueñan del resto. Cambios de historia, de personajes, de imagen de los protagonistas, son habituales en estas adaptaciones. Además, las más famosas han acabado por reinventarse al poco tiempo, relativamente hablando, intentando mejorar lo que en su día no se acertó: Batman, Superman, Spiderman, Los Cuatro Fantásticos, Hulk, prácticamente no hay saga superheroica que no se haya visto sometida, o esté previsto hacerlo, a un replanteamiento.
Artículo publicado originalmente en el blog El Fin de la Eternidad el 20 de marzo de 2010
La sala de cine está totalmente en oscuridad. Suena un lejano sonido de percusión, y unos créditos iniciales comienzan a aparecer en pantalla, mientras una melodía electrónica, pausada, ascendente y descendente como una respiración, nos va preparando para lo que circulará ante nuestros ojos durante las siguientes dos horas. Una tremenda explosión de fuego nos sorprende, y en apenas un segundo, somos transportados a la infernal Los Ángeles del año 2019. Un turbio horizonte de altas y oscuras torres, con más explosiones por aquí, y por allá. Un vehículo aéreo Spinner pasa junto a nosotros con un sonido intenso. Al fondo, vislumbramos unas inmensas construcciones semejantes a los templos de un Dios, y de repente, el ojo del mismísimo ángel caído Roy Batty llena la pantalla mientras, tras descender de los cielos, contempla el infierno extendido ante él, como un reflejo de la fascinación del espectador ante un inicio fílmico tan sugerente y poético al son de la magistral composición de Vangelis.He perdido la cuenta de las veces que habré visto esas mismas imágenes durante los últimos años, pero lo que no olvidaré es que nunca antes de contemplarlas en la pantalla grande las había sentido de tal modo. Alcanzando un especial punto máximo durante la secuencia final en el Edificio Bradbury: el enfrentamiento final entre Deckard y Roy Batty (Rutger Hauer) en el que el cazador se convierte en la presa. Una secuencia que emana de principio a fin un amplísimo catálogo de sensaciones como la locura, el miedo, la desesperación, el dolor físico, el dolor espiritual, la nostalgia... e incluso el amor. El amor de los replicantes por sus congéneres, por sus recuerdos y sus sentimientos. Y no sólo amor por la vida de cada uno... sino por todas. El fascinante Roy Batty, esclavo y ángel caído, concluye su trágico periplo personal habiendo alcanzado la mayor cota a la que puede aspirar la humanidad: la empatía. Y con ello, se prepara para aceptar su propia muerte, finalizando la secuencia con uno de los pasajes cinematográficos más evocadores que he visto en mi vida.
1992 fue el año en que para celebrar el décimo aniversario de Blade Runner y editarla por primera vez en DVD, Ridley Scott se propuso a realizar las oportunas modificaciones para enseñar al mundo aquella que debería haber sido su propia visión del film, pudiendo por fin eliminar los elementos impuestos. Esto se debió a la fortuita aparición en los archivos de la Warner de una copia en mal estado de la secuencia inédita del unicornio, que al ser añadida acabó por desatar la polémica. El montaje fue conocido como Blade Runner: The Director’s Cut (el Montaje del Director). Pero a Scott no le fue concedido el tiempo suficiente para realizar todo cuanto tenía planeado, ni siquiera para restaurar debidamente la secuencia reaparecida, dando como resultado un “Montaje del Director” que en realidad lo era a medias, y que aunque otros pusieran las palabras en su boca, él jamás reconoció como tal.
Al hablar de Blade Runner, es imposible no referirse a la pulcritud que manifiesta en todos sus apartados técnicos. La atmósfera del film se ha convertido en una de las más conseguidas e influyentes del cine moderno; una perfecta envoltura conseguida gracias a la unión de la fotografía del gran Jordan Cronenweth, con esas gamas cromáticas de la ciudad y ese magistral uso de los claroscuros con los haces de luz; el diseño artístico del film, fantástico a la vez que verosímil (algo muy complicado de conseguir cuando hablamos de ciencia-ficción) gracias a la irrepetible unión de la imaginación del diseñador “futurista” Syd Mead, la del propio Ridley Scott y muchos más; la música de Vangelis, quien cohesiona todos estos elementos gracias a una partitura orgánica rica en infinitas variedades de sonidos, estilos, texturas y sensaciones; y por supuesto la planificación y dirección del cineasta británico, muy alejado de sus tristes toques "videocliperos" de la actualidad. Ese perfecto equilibrio, logrado entre la extrema preocupación de Scott por todos los aspectos estéticos de la imagen y los recursos más aparentemente simples de un tipo de cine más impresionista y contenido, hace que se trate de una de las pocas películas de dicho director (al lado de Los Duelistas y de esa otra obra maestra titulada Alien) que no se ponen en entredicho por quienes vemos con escepticismo el resto de su filmografía hasta nuestros días.
Otra de las grandes cualidades de Blade Runner, si no la que más, es suponer una disertación acerca de cuestiones filosóficas de primer grado, implícitas en nosotros, y que nos llevan atormentando desde que la humanidad adquirió el uso de la razón; así como por hacer que el espectador se sumerja tras su visionado en un tormentoso mar de preguntas sin respuesta acerca de la existencia (“¿de dónde venimos?”), nuestra propia identidad (“¿qué somos?”), y el final al que nos conducen nuestros caminos (“¿a dónde vamos?”, “¿cuánto voy a durar?”), algo que pocas películas como 2001 Una Odisea Del Espacio de Kubrick (manteniéndome dentro del género) consiguen transmitir.
Como tercer cualidad, podríamos destacar su minuciosa visión sociopolítica y, como se suele decir, lo bien que veinticinco años atrás supieron anticiparse a problemas de triste actualidad. Pongamos como ejemplos la globalización, el hermetismo individual, la contaminación ambiental, la extinción progresiva de especies animales, la búsqueda cada vez más necesaria de lugares mejores que el mundo que nos rodea (las colonias del "Off-World"), las enfermedades y su cruel aprovechamiento con fines comerciales (tal es una de las posibles lecturas del caso de J.F. Sebastian y su dolencia degenerativa, posiblemente aprovechada para el control de los replicantes), la corrupción de elementos culturales como el lenguaje (ese idioma urbano, amalgama de muchos otros) o las tradiciones (esas Geishas fumando y tomando anticonceptivos), la cada vez mayor dominación de oriente sobre occidente, la inmigración (¿qué es Deckard sino un agente encargado de cazar y "retirar" -brillante eufemismo- a inmigrantes ilegales?), los peligros de jugar a ser Dios con la ciencia, el auge de los sistemas totalitarios más o menos encubiertos (la continua presencia de policías por las calles de la ciudad), y hasta el perenne uso del esclavismo (los replicantes en las colonias). Todo ello un fiel reflejo de problemas a los cuales no sólo no hemos encontrado solución, sino que cada vez están más y más presentes.
Finalmente, y no por ello menos importante, la otra gran cualidad es la confusión de identidades de los protagonistas y lo magistralmente bien utilizada que está a lo largo del metraje de cara al espectador. Una trama que, al lado de la descripción que se hace de la aséptica sociedad humana del futuro, es probablemente el más importante punto de contacto del film con la obra literaria en general de Philip K. Dick.
Scott: ...has visto la versión [del guión] con el unicornio?McKenzie: No...S: Creo que la idea del unicornio es fantástica...M: La diferencia obvia es que el mismo Deckard es un replicante.S: Si. Es lógico, en particular si estás haciendo un film noir, puedes seguir en esa línea, y que el personaje central pueda, de hecho, ser lo que persigue...M: ¿Has rodado ya la escena en el claro con el unicornio?S: Totalmente. Se recortó en la película, y creo que funcionaba a la perfección. Deckard estaba sentado, tocando el piano bastante mal por estar bebido, hay un momento en que se queda traspuesto y entramos en las escenas del unicornio surgiendo del bosque. No es subliminal, pero es una escena muy corta. Volvemos a Deckard y no hay absolutamente reacción ante eso, simplemente la escena sigue. Ahí es donde reside toda la idea del personaje de Gaff con su papiroflexia -- la gallina y el pequeño hombre "empalmado", de manera que la figura del unicornio te dice que Gaff ha estado allí. Una de las interpretaciones de la película se refiere a pensamientos privados y recuerdos, así que ¿cómo sabía Gaff que ciertos pensamientos propios de Deckard eran sobre un unicornio? Es por ello que Deckard sacude su cabeza así [refiriéndose al asentimiento de Deckard tras recoger el unicornio de papel]." [...]M: ¿Te desagrada que las referencias a que Deckard sea un replicante ya no estén?S: La sugerencia sigue ahí. ¡Los franceses la pillaron en seguida! Creo que es interesante que pueda serlo. (Fuente: Blade Runner FAQ).
Para empezar, hay ciertos detalles repartidos a lo largo del metraje que funcionan a modo de indirectas dirigidas al espectador: no sólo la pregunta de Rachel sobre si alguna vez Deckard se ha aplicado el test a sí mismo, o la frase del jefe Bryant “Vamos, Deck, necesito al viejo Bladerunner”. También se nos dice que los replicantes coleccionan “preciadas fotografías”, y el piano de Deckard está totalmente cubierto de recuerdos y memorias de esa clase. Por no mencionar la escena en que, muy sutilmente, al Bladerunner le resplandecen los ojos como sucede con los demás seres artificiales mostrados en el film.
Y en tercer lugar está, claro, la anteriormente referida escena del sueño del unicornio, y la conclusión final con el origami que Gaff (Edward James Olmos) deja a las puertas del apartamento. Las tres figuritas de papel que este misterioso personaje (el más “Orwelliano” del film, pues no deja de vigilar todos los movimientos de Deckard apareciendo en todos los puntos de inflexión del guión) hace en la película, son representaciones de los estados psicológicos de Deckard en cada momento. La gallina que hace en la comisaría al principio del film tiene que ver con la negativa de Deckard de aceptar la misión, sugiriendo que no lo hace por cobardía. La segunda figurita, la del hombrecillo con el miembro izado al viento, quizás quiere sugerir que Gaff conoce los sentimientos internos que Deckard ha comenzado o eventualmente comenzará a sentir por Rachel. Y finalmente tenemos el unicornio, ser mitológico símbolo de la eternidad, y que nos deja al mismo tiempo tres mensajes distintos:
Merece la pena destacar que, al hilo de este último punto, Gaff hace con Deckard exactamente lo mismo que este hace con Rachel cuando le revela cruelmente que ella es una replicante. Él ha leído los informes de Rachel, y conoce hasta el más íntimo de sus recuerdos, lo cual puede explicar, a su vez, por qué Gaff conoce los sueños de Deckard. De hecho, todo cuanto sucede con Rachel funciona como una especie de anticipación de lo que sucede posteriormente y a un nivel más amplio con Deckard. Las situaciones de ambos forman un perfecto paralelismo, hasta tal punto que una de las fotografías que cuelgan del piano de Deckard muestra un porche totalmente idéntico al de la fotografía de Rachel con su madre. Y la progresión “in crescendo” en la que, en este sentido, se va narrando la confusión de identidades primero de ella, y paralelamente la de él, es simplemente magistral por parte del realizador y el guionista.
No hace mucho, cuando buscaba clásicos del cine de CF, encontré comentarios muy elogiosos de esta película, titulada en España con el inquietante aunque desafortunado título de “Naves misteriosas” (Silent Running, 1971). Los participantes en aquel foro sostenían que era una gran peli, profunda, con mensaje, y que había sido injustamente despreciada. Era, decían, la vía madura que debía haber tomado 
Su autor recibió el Premio Ignotus por su labor, y la Saga de los Aznar fue llevada al cómic en dos ocasiones, siendo el equivalente español al Flash Gordon americano.
'Star Trek: la Película' ('Star Trek: The Motion Picture – Director’s Edition'; 1979), de Robert Wise.
última entrega podéis encontrar las obras de Kurt Vonnegut, el autor de Sirenas de Titán. Este blog merece la pena. Su autor no tiene prisa, pero se lo toma en serio y ofrece datos muy interesantes sobre cada escritor y su obra.
Por fin ha salido el número 1 de la revista de cine Ultramundo. El número está dedicado a la saga de Predators. Te la puedes bajar gratis, sin darte de alta ni pertenecer a ninguna Red Social.














