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«Blade Runner»


Cartel promocional de la película«yo...
he visto cosas que vosotros no creeríais...
atacar naves en llamas más allá de Orión...
he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser...
todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.»

Estas poéticas palabras han pasado a formar parte del acervo cultural cinematográfico de la Humanidad. El auto-epitafio de un replicante o robot humaniforme, que asume que ha llegado su final y se enfrenta a el con solemnidad, nobleza y entereza, unos valores que parece que la humanidad ha perdido en la época en la que se desarrolla una de las películas más importantes del cine de todos los tiempos, especialmente en el género de la Ciencia-Ficción: Blade Runner (Ridley Scott, 1982)
Publicado por Lino Moinelo el 23 mar 2014 0 comments [Más...]
Realismo futurista sucio
 
ELYSIUM (USA-2013) 
Dirección y guión: Neill Blomkamp
Producción: Simon Kinberg, Bill Block y 
Neill Blomkamp
Música: Ryan Amon
Fotografía: Trent Opaloch
Diseño de producción: Philip Ivey
Vestuario: April Ferry 
Intérpretes:  Matt Damon (Max), 
Jodie Foster (Delacourt), Sharlto Copley (Kruger), 
Alice Braga (Frey), Wagner Moura (Spider), 
Diego Luna (Julio), William Fitchtner (John Carlile)
Hace unos pocos años, en el 2009 exactamente, me ocurrieron un par de cosas en un mismo día de septiembre. Me despedí para siempre de un simulacro de novia de triste recuerdo y, para consolar mi corazón roto, mi prima me invitó al preestreno de una película cuyo nombre sobre el terreno prometía mucho: Distrito 9, debut sobre el terreno de un joven sudafricano, Neill Blomkamp, apadrinado por Peter Jackson tras un frustrado intento de adaptar el videojuego HALO (con demasiados millones de por medio y dudosa estabilidad de llevarse a cabo con éxito). Salí de ver Distrito 9 perplejo por su mezcla de realismo sucio y ciencia ficción de vocación “realista” al tratar a los alienígenas como escoria de los guetos tercermundistas, explotados y masacrados a partes iguales por corporaciones y mafias criminales, aquí lobos de la misma camada. Lo más alto y lo más bajo del sistema como entidades encargadas de explotar cruelmente a los desfavorecidos, que sean alienígenas venidos de los confines del espacio solo es una excusa para hablar de la crueldad del tercer mundo. Esa mezcla de tercermundismo y alta tecnología caló hondo en la ciencia ficción (la nueva versión de Juez Dreed tomó nota de ello) y todos esperaron el nuevo trabajo de Blomkamp como maná del cielo. 

Publicado por JAVIER el 20 ago 2013 2 comments [Más...]
Según informan en Collider, un «easter egg» o huevo de pascua (pequeños fragmentos de vídeo ocultos que se visualizan mediante alguna combinación de teclas o similar) en el Blue-Ray de Prometheus, revela un curioso cruce entre los universos de Blade-Runner y Prometheus (que como todos sabemos es el mismo que Alien, el octavo pasajero).
 
Carta de Weyland sobre Tyrell
 
Publicado por Lino Moinelo el 7 oct 2012 5 comments [Más...]
LA, 2019Es innegable la influencia que Blade Runner (BR) ha tenido en la cinematografía posterior y en una buena parte de la ciencia-ficción. La postmodernidad y el ciberpunk, comparten con ella su estética y cierto mensaje pesimista. Sobre este aspecto, cada autor tiene libertad a la hora de escoger el ambiente y el mensaje que desea transmitir. La misma que tenemos los aficionados y seguidores para decir lo que pensamos.

La verosimilitud 

El mundo que se nos presenta en BR es decadente hasta el punto de que todos los que aparecen en la obra son cómplices de la situación o victimas más o menos inconscientes del sistema. Nadie parece que pueda ofrecer alguna alternativa a la deprimente y generalizada situación de Los Ángeles, en el año 2019 —una característica común a todo el género del ciberpunk: un regodeo en la decadente forma en la que la especie humana hace uso de la tecnología— ¿Es realista hacer una total extrapolación hacia el lado más pesimista, o es en definitiva, tendencioso y poco verosímil?.

Los ajenos al género creen que en la ciencia-ficción «vale todo», ya que es «fantasía». Mucho se ha hablado de este tema y sería demasiado largo hacerlo ahora, pero los más veteranos del género saben que no es así. Mientras que la fantasía se preocupa de poco más que de la estética —literaria o visual—, en la ciencia-ficción suelen haber ciertos límites a la hora de escoger los elementos que van a formar escenario y personajes. La solución escogida puede condicionar el resto de la historia, sobre todo si surge como resultado de hacer la pregunta ¿Qué pasaría si...? —el famoso What If...? de la ciencia-ficción anglosajona—. En el ciberpunk, sin embargo, hay más preocupación por el mensaje que por el entramado de la historia. En este genero es más importante el resultado, que el camino que ha conducido a él. Hay quien piensa que por estos motivos se aleja de la ciencia-ficción tradicional, constituyéndose como un ámbito cultural independiente.

La parcialidad

Philip K. Dick se entusiasmó al ver un primer pase de Blade RunnerAunque los héroes no son más que mitos, en determinadas situaciones un individuo puede manifestar actitudes que le conviertan en uno de ellos. Tampoco se ha de pasar por alto la inevitable existencia de grupos de activismo que se oponen por unos motivos u otros a la situación imperante. Algunas veces, cuando lo peor está por llegar, puede acabar saliendo algo de nuestro interior que haga mantener la esperanza en la especie Humana. Nada de esto se vislumbra en BR, quedando empapada de un derrotismo irreal y enfermizo. Aunque es una adaptación libre de la novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas(Philip K. Dick, 1968), parece que quedó contagiada de la habitual depresión que su autor volcaba en sus obras —el propio autor la elogió excepcionalmente en un pase privado poco antes de su fallecimiento—.

Es parcial, al mostrar sólo aquellas facetas que interesan, ignorando otras cuya inexistencia crea lagunas de complicada explicación. De ser como parece deliberado, confirmaría que ha primado el mensaje, supeditando el resto de factores a su exposición. De nuevo, se aleja de una de las señas de la ciencia-ficción más purista, en la que la correcta descripción del entorno es un requisito fundamental, tan importante como la propia historia.

Guión trampa

Suelen acudir a blogs y foros de debate, lectores interesados en cuestiones de tipo filosófico presentes en BR. En esta película se plantean algunas de las más relevantes cuestiones filosóficas que atañen al ser humano. Claro que el mero hecho de plantearlas no es un mérito realmente. Esto es habitual en muchas obras, no sólo de ciencia-ficción. Lo bueno de BR sería la forma de hacerlo —abusando de las posibilidades del género para poder mostrar una visión determinada de la realidad sin estar sujeta a sus limitaciones— si no fuera porque su parcialidad y sus lagunas intencionadas dan a entender que en alguna parte de la película, se esconden respuestas a las dudas existenciales que atormentan al género humano. Estas por supuesto, no existen, llevando su ausencia a los aficionados a perderse en un mar de dudas y confusión filosóficas, pudiendo ser tan nocivas como si de errores se tratase.

Por añadidura, las diferencias entre director y productores ocasionaron una serie de revisiones en el guión que tuvieron como consecuencia una primera versión de la película con incongruencias importantes —como el bucólico final-pegote—. Posteriormente, Ridley Scott publicó su versión «corregida», pero ya era tarde: una multitud de aficionados ya había especulado todo lo especulable sobre la primera versión, sin saber dónde se estaban metiendo. La aparición posterior de la versión del director, trajo la división y el descontento a muchos aficionados, que preferían la primera o continuaban confundidos al tener que reparar en detalles de la película como fotografías dejadas caer, unicornios oníricos, o misteriosos destellos en los ojos, para encontrar una explicación satisfactoria que en el mejor de los casos, aún resulta bastante rebuscada.

La coherencia interna

Aceptemos de partida que la solución que el director muestra en su versión es coherente en última instancia. Admitiendo que la intención original era la de presentar a Deckard como un replicante, victima y esclavo inconsciente de un sistema endiablado para mantener el orden, quedaría el argumento base de la siguiente manera:
  • Deckard es un replicante construido para poder retirar a otros replicantes, y ahorrarse la tediosa faena.
  • Para poder dedicarse a ella sin remordimientos, Deckard no debe conocer su verdadera condición.
  • Para ello, le han de dotar de recuerdos, como Rachel, para ser prácticamente indistinguibles de un ser humano al tener empatía.
  • Adicionalmente, le han de retirar fuerza física, ya que de lo contrario se evidenciaría su condición de replicante.

Sin embargo, esto presenta varios inconvenientes:
  • La fuerza física. La supuesta solución parte de entrada con una debilidad, frente al problema que ha de resolver.
  • La programación. La cuestión de cómo se les programa a los replicantes se deja en el aire para no entorpecer la historia, en detrimento de la construcción de un escenario sujeto con alfileres.
Deckard, pasándolas canutas en la cornisa de un edificio
Aunque se puede suponer que la debilidad inicial es un handicap que atañe exclusivamente al Blade Runner —el cuál no es más que carne de cañón que puede ser sustituido— no deja de ser una solución poco eficiente. La ausencia de explicación sobre la programación de los replicantes, lugar y momento en el que se deberían haber hecho las correcciones necesarias para evitar los problemas posteriores, es una carencia que en una obra de ciencia-ficción como tal tiene menos justificación.

Si bien esta situación tenía su razón de ser en la novela de Mary Shelley (Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818) al ser producto aislado de un desequilibrado, en este caso resulta inverosímil pensar en el cúmulo de despropósitos que se han tenido que dar para que toda la Humanidad se aboque al absurdo de fabricar seres humanos artificiales cuya programación no controla, que son extremadamente peligrosos en potencia, prácticamente indistinguibles de un ser humano, y cuya forma de tenerlos a raya es mediante otros humanos artificiales pero con menor capacidad física, engañados y confundidos mentalmente, al borde de la depresión. Asimov lo tenía bastante claro: los humanos no fabricarían entidades a su imagen y semejanza salvo que se tuviera completamente controlado el asunto de su programación.

Si para salvar todo esto se prefiere volver a la opción de considerar a Deckard un humano más, sencillamente ciertos pasajes de la historia no se sostienen, como el misterioso unicornio de papel que Gaff deja en el vestíbulo del apartamento de Deckard , o la enigmática frase pronunciada por el mismo personaje «lastima que ella no pueda vivir, pero ¿quien vive?»

El mensaje

Si bien la trampa en la que la Humanidad se ha metido descrita en la película puede parecer absurda, cierto es que no hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobar como tristemente, el ser humano encamina sus pasos con bastante decisión a situaciones muy similares: «terroristas-replicantes» que caminan junto a personas corrientes, un medioambiente terráqueo que va a peor, «Drones» sobrevolando los cielos, «smartphones», redes de comunicación y tecnología por doquier, mientras nos vemos sumidos en una de las crisis económicas más gigantescas de la Historia, a la cual hemos contribuido todos en alguna medida, y hemos de asistir a escenas en la que gente es desahuciada de sus viviendas, quedando abandonadas.

mercaderes del espacio portadaSi bien la capacidad profética de BR es innegable, no es la única ni la primera obra de ciencia-ficción en este sentido. Mercaderes del espacio (Frederik Pohl-C.M. Kornbluth, 1954) muestra un planeta Tierra dominado por las corporaciones financieras que lo han esquilmado de recursos, mientras existe una brutal división de clases. Tanto los de una clase como los de otra, viven sumidos inconscientemente en un sistema que les lleva irremediablemente a la ruina, necesitando colonizar hasta el mismísimo planeta Venus, un autentico infierno. En esta obra también el autor vuelca en ella cierta inevitable subjetividad, mostrándonos una situación global que no parece tener tampoco remedio. Sin embargo, no se pasa por alto el también conocido dicho de «se puede engañar a algunos todo el tiempo, a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo». El trasfondo de ambas obras es un mismo o muy similar mensaje político, pero en BR se le envuelve de excesivas pretensiones filosóficas en temas recurrentes, que le dan una apariencia distinta a la que realmente es: cine político.

En relación a este mensaje, algo bueno que tiene la revisualización de BR a lo largo de los años es que se advierten nuevos matices en función de las experiencias del espectador. Remueve especialmente la forma en la que Deckard va adquiriendo consciencia de su verdadero papel en el sistema. El mensaje de la película es que los replicantes que aparecen en ella representan a los humanos de nuestra vida cotidiana. Especialmente a los simples ciudadanos que han estudiado carreras universitarias sin futuro o llevan trabajando y esforzándose durante años, para ahora comprobar como todo eso no era más que una pequeña pieza de otro plan mayor, que nadie les había contado. Ni habían contado con ellos.

Pero para transmitir este mensaje de critica social o política, se utiliza un formato de ciencia-ficción sin atender su propia ortodoxia, convirtiéndola en una excusa, en lugar de ser el vehículo. Un debate filosófico artificial y deliberadamente confuso, dónde se presenta a los humanos paradójicamente carentes de humanidad, en una reducción al absurdo. Un caos recurrente sin salida, que oscila entre el complejo de Frankestein para los humanos, al de Edipo para los replicantes. Y viceversa.

Conclusión

Mercaderes del espacio es un clásico literario de la ciencia-ficción, pero poco conocido entre el gran público. La película de Ridley Scott está basada en otra obra literaria, aunque mediocre en comparación con la anterior. Sin embargo, ha cosechado una mayor popularidad gracias a que el cine tiene un espectro de masas mucho mayor que la literatura. Su salto a la gran pantalla le ha permitido alcanzar popularidad en círculos a los que no hubiera llegado de quedarse en formato literario, saliéndose de ambos ámbitos para ir al terreno de lo social y político. Aunque no carece de virtudes cinematográficas —por supuesto— el éxito posterior al estreno de esta película no fue tanto por ellas como por lograr contentar a un pujante e influyente sector cultural de ideas políticas coincidentes, relacionado con el ciberpunk que marcaría las décadas posteriores.

Star Trek también influyó en otros ámbitos sociales fuera de su entorno original, trascendiendo de él. Sin embargo, la influencia consistió en este caso en poner la ciencia-ficción como recurso para comprender o superar problemas del momento. En el caso de Blade Runner fue al contrario, politizando la ciencia-ficción y fomentando las tendencias pesimistas que nos han acompañado hasta hoy, ignorando la utilidad inspiradora y motriz de la ciencia-ficción clásica y racional que nos acompañó desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta principios de los años 80, época de la exploración espacial y la Guerra Fría.

Paragüas Star-Wars-Blade-RunnerPor otro lado, un número significativo de seguidores de BR lo son principalmente de esta película, considerando al resto del género como simples comparsas «poco serias» de entretenimiento y evasión En este aspecto en concreto ocurre algo parecido con Star Wars y el género de la space opera: aunque ya se conocía la planet opera —clara precursora de la ópera espacial— esta habría pasado desapercibida si no se hubiera estrenado la trilogía original en el cine. De la misma manera, muchos aficionados de la epopeya galáctica de George Lucas lo son en concreto de Star Wars, ignorando prácticamente el resto de obras más características del género.

Blade Runner es una gran película por la influencia estética y cultural que ha marcado en las décadas posteriores. A esta circunstancia se le añade que es de ciencia-ficción. Pero no significa que sea una «gran película de ciencia-ficción». La prospectiva y la especulación realistas no son explotadas de forma eficiente como en otras obras de este género. Menos aún puede calificarse por tanto como «obra cumbre de la ciencia-ficción», para luego destacar en ella aspectos comunes al arte en general como su contenido filosófico —un adorno barroco y enrevesado—, su critica social —parcial y politizada— o su capacidad profética —llevada a extremos inverosímiles—, mientras que otros aspectos más propios suyos como la coherencia, la verosimilitud o la capacidad inspiradora,  permanecen en un segundo plano o son inexistentes.

Referencias:




Artículo publicado originalmente en el blog Al final de la Eternidad el 22 de febrero de 2012


Revisado el 8 de diciembre de 2015. Publicado en su día como contestación al comentario de un amable lector sobre un artículo de Blade Runner (BR), cuya impresión sobre el mismo es que era demasiado «enciclopédico» y deseaba conocer mi opinión de la película. Aunque agradezco a este lector su interés, lo cierto es que las opiniones personales son el último recurso al que hay que acudir. Alguien expresó una vez de forma muy gráfica lo que quiero decir: las opiniones son como los culos: cada uno tiene el suyo]

Artículo publicado posteriormente en El sitio de ciencia-ficción el 12 de noviembre de 2017
Publicado por Lino Moinelo el 25 jun 2012 0 comments [Más...]
BLADE RUNNER 2: ALCON DESMIENTE RUMORES

LA COMPAÑÍA NIEGA LAS INFORMACIONES SUPUESTAMENTE FILTRADAS POR TWITCH.

Y las niega de manera tan tajante que parece confirmar rotundamente toda la desconfianza que había en torno a esta noticia. "Es absolutamente falso que haya habido cualquier conversación con Harrison Ford para que esté en Blade Runer", ha afirmado el productor Andrew Kosove, comparando el enfoque creativo seguido por Scott en "Prometheus", al parecer muy similar al que tendrá esta nueva "Blade Runner". "Para ser claros, estamos con Ridley Scott en el duro proceso de encontrar la médula de la historia, decidir qué dirección tomaremos y encontrar un guionista para trabajar en ello". Poco ha durado pues la incertidumbre acerca del rumor destapado por Twitch. Seguiremos muy atentos cada paso del proyecto.

Publicado por Lino Moinelo el 11 feb 2012 0 comments [Más...]
El actor Harrison Ford estaría siendo tentado para integrarse al elenco de la nueva versión de la película Blade Runner, la cual se comenzaría a filmar el próximo año y contaría con la dirección de Ridley Scott. De esta forma, se volvería a juntar la dupla que creó una de las cintas esenciales de la ciencia ficción moderna.
Publicado por Lino Moinelo el 7 feb 2012 0 comments [Más...]
Que yo recuerde, leo desde muy pequeño. En casa de mis padres siempre ha habido libros, y siempre he estado con uno u otro en las manos. En mi casa prácticamente no caben, problema extensible creo a todos los que nos gusta la lectura (y menos mal que existen las bibliotecas municipales, y ya veremos si se instalan definitivamente los ebooks y otros dispositivos de lectura). Mis hábitos de lectura han sido muy diversos, e igual podía estar leyendo a V. Blasco Ibañez que a Dostoyesky; a Gabriel García Márquez que a F. Kafka; a Miguel Delibes que a H. P. Lovecraft; a Quevedo que a Isaac Asimov... Asimov, Arthur C. Clarke, Robert Heinlein podría decirse que fueron mis primeras lecturas de ciencia ficción, como las de muchos otros, sobre todo aquí en España, pues eran de los pocos (poquísimos) autores del género que llegaban hasta aquí.

Publicado por JAVIER el 21 ene 2012 7 comments [Más...]
Un relato acerca de lo que nos define como humanos.

INTRODUCCIÓN: Una experiencia personal.

La sala de cine está totalmente en oscuridad. Suena un lejano sonido de percusión, y unos créditos iniciales comienzan a aparecer en pantalla, mientras una melodía electrónica, pausada, ascendente y descendente como una respiración, nos va preparando para lo que circulará ante nuestros ojos durante las siguientes dos horas. Una tremenda explosión de fuego nos sorprende, y en apenas un segundo, somos transportados a la infernal Los Ángeles del año 2019. Un turbio horizonte de altas y oscuras torres, con más explosiones por aquí, y por allá. Un vehículo aéreo Spinner pasa junto a nosotros con un sonido intenso. Al fondo, vislumbramos unas inmensas construcciones semejantes a los templos de un Dios, y de repente, el ojo del mismísimo ángel caído Roy Batty llena la pantalla mientras, tras descender de los cielos, contempla el infierno extendido ante él, como un reflejo de la fascinación del espectador ante un inicio fílmico tan sugerente y poético al son de la magistral composición de Vangelis.

Viendo Blade Runner en el cine, las sensaciones se amplifican, y sentimos más miedo que nunca ante esa imagen de un futuro equivalente al fin de la humanidad. Un futuro tan distante, oscuro y pesimista, y al mismo tiempo tan cercano y tangible, en el que los seres humanos han perdido hasta la noción de su propia muerte y de un tiempo que nunca es suficiente. Vemos cómo un cínico "Bladerunner" llamado Rick Deckard (Harrison Ford) le demuestra a una replicante sin conocimiento de serlo llamada Rachel (Sean Young) que no es humana y que todos sus recuerdos y experiencias no son reales... y sentimos la mayor de las tristezas existenciales por ella. Vemos cómo un confuso Deckard colecciona recuerdos, sueña inconscientemente con la inmortalidad, y que de tan perdido no se da cuenta de que las constantes de los replicantes a quienes persigue son las constantes que también lo definen a él mismo... y sentimos empatía hacia él. Viendo Blade Runner en el cine, nos sentimos más dentro de la película que nunca, errando a través de esas sucias calles atestadas de individuos que van a lo suyo, respirando aire tóxico y enrarecido entre columnas de vapor y humo en una noche perpetua, rodeados de luminosos rótulos orientales, publicidad desmesurada, y protegiéndonos de la lluvia con nuestros paraguas luminosos. Alzamos la mirada hacia donde el cielo siempre es oscuro, y entre innumerables anuncios videográficos que nos incitan al uso del tabaco y los anticonceptivos para intentar controlar la superpoblación, una voz electrónica desde un aeroplano nos suiere huir hacia las colonias del “Off-World", el Mundo Exterior, donde hay terrenos libres, aire puro y oportunidades de vida. Pero en el fondo, sabemos que nunca podremos alcanzar ese sueño utópico y salir de este pedazo de roca industrializada y en decadencia llamada Tierra.

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He perdido la cuenta de las veces que habré visto esas mismas imágenes durante los últimos años, pero lo que no olvidaré es que nunca antes de contemplarlas en la pantalla grande las había sentido de tal modo. Alcanzando un especial punto máximo durante la secuencia final en el Edificio Bradbury: el enfrentamiento final entre Deckard y Roy Batty (Rutger Hauer) en el que el cazador se convierte en la presa. Una secuencia que emana de principio a fin un amplísimo catálogo de sensaciones como la locura, el miedo, la desesperación, el dolor físico, el dolor espiritual, la nostalgia... e incluso el amor. El amor de los replicantes por sus congéneres, por sus recuerdos y sus sentimientos. Y no sólo amor por la vida de cada uno... sino por todas. El fascinante Roy Batty, esclavo y ángel caído, concluye su trágico periplo personal habiendo alcanzado la mayor cota a la que puede aspirar la humanidad: la empatía. Y con ello, se prepara para aceptar su propia muerte, finalizando la secuencia con uno de los pasajes cinematográficos más evocadores que he visto en mi vida.

¿Qué esconde Blade Runner? ¿Qué oculta su aparente simplicidad argumental de corte “noir”, en la que un policía “Bladerunner” debe dar caza y “retirar” a cinco replicantes fugados y ocultos en una caótica Los Angeles del año 2019? ¿Qué la hace tan trascendental y poética? Intentemos llegar a alguna conclusión; pero antes de introducirnos en temas de tal profundidad, hagamos un repaso a la turbulenta historia de las distintas versiones por las que esta historia tuvo que atravesar.

1 - RODAJE y VERSIONES

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"Ridli" Scott junto a un Spinner, en 1982.

Ridley Scott, que venía del infructuoso proyecto de trasladar Dune a la gran pantalla con la producción de Dino DeLaurentiis, aceptó encargarse del filosófico guión de Hampton Fancher y retocado por David Webb Peoples, basado bastante libremente en la obra de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ojejas eléctricas? Se iniciaba, de esta forma, un complejo rodaje que fue un cúmulo de avatares en el que prácticamente todo se le fue viniendo encima: problemas de financiación con los desconfiados productores, malas relaciones entre los actores, choques de ego, quejas de miembros del equipo hacia Scott, la apatía de un Harrison Ford hastiado de un rodaje aburrido y de un personaje que a cada nueva revisión de guión perdía heroicidad a pasos agigantados, e incluso el creciente parkinson de un Jordan Cronenweth (director de fotografía) cada vez más enfermo.

Una vez completado el complejo trabajo, por si fuera poco, Scott se vio ante la obligación por parte de los productores de mutilar su propio film, dado que el resultado final era demasiado oscuro y pesimista para los gustos acomodados de estos, temiendo que tanta complejidad y frialdad repercutiera negativamente en taquilla. La polémica escena del sueño del unicornio, que Scott rescataría en 1992, fue la primera secuencia en ser eliminada del montaje por ser "demasiado artística" y creer que no concordaba con el tono general. En este punto, se hace necesario insistir en la originalidad de dicha escena, pues uno de los bulos más grandes generados a lo largo de internet en relación a Blade Runner afirma que se trata de una escena eliminada de un largometraje posterior de Scott, Legend (1984), y que la idea de incluirla para dar una vuelta de tuerca al personaje de Deckard le vino a la mente en 1992. Sin embargo, estas afirmaciones son totalmente erróneas. No sólo la música de Vangelis que acompaña a esa escena es original de la época y no pertenece a ningún otro momento del film; también existen publicaciones de 1982 en las que el mismo Scott se refiere a la existencia de dicha escena antes de ser eliminada, y al propio mensaje que sugiere: que Deckard es un replicante, como analizaremos más adelante. De esta manera, las decisiones de los productores lograron acabar no sólo con la consistencia del film en su descripción de replicantes y humanos, sino con el golpe de ironía del final.

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La escena del Unicornio es original y NO pertenece a la película Legend.

Otro de los grandes cambios a los que fue sometido el primer montaje consistió en la inserción de numerosos monólogos de voz en off del protagonista con la excusa de querer aportar al film un tono más "noir". Unos monólogos incómodos y redundantes cuyo único propósito era explicar lo que ya se sugería a través de las imágenes y que no hace falta explicar, haciendo de esta forma un film menos críptico y complicado, tal vez por causa de ese temor tan fuertemente arraigado en Hollywood a que los espectadores se vean obligados a pensar y deducir por ellos mismos. Por si fuera poco, un último cambio fue la inclusión de un lamentable final feliz en la peor tradición del cine comercial, mostrándonos a los dos protagonistas juntos y felices con el objetivo de que los espectadores salieran del cine con una sonrisa en sus rostros. Para tal, se hizo uso de una explicación metida con el más grande de los calzadores (“Tyrell me dijo que Rachel era especial...”) y de escenas aéreas que eran meros descartes del inicio de El Resplandor de Kubrick, sin que se nos explicara de dónde sale ese impresionante paisaje verde, natural, boscoso y de aire puro, si a lo largo de todo el metraje se ha reiterado la idea de un mundo superpoblado y contaminado en su totalidad.

Estrenada en 1982, esta fue la versión que todos pudieron ver en cines, en televisiones y en su distribución en vídeo. Curiosamente, se trata de una versión que, hoy en día, bastante gente continúa considerando como la única y verdadera de Blade Runner aún a sabiendas de que fue el resultado de una mutilación ejecutada por los productores por motivos estrictamente comerciales; opinión supongo que debida, al menos en la mayoría de los casos, a conceptos subjetivos como la nostalgia o la costumbre. El total fracaso de taquilla y de crítica del film en el momento de su estreno es de todos bien conocido. Pero con el paso de los años, comenzó a alzarse entre un número cada vez más amplio de entornos y personas que descubrían que se trataba de una película más profunda de lo aparente.

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1992 fue el año en que para celebrar el décimo aniversario de Blade Runner y editarla por primera vez en DVD, Ridley Scott se propuso a realizar las oportunas modificaciones para enseñar al mundo aquella que debería haber sido su propia visión del film, pudiendo por fin eliminar los elementos impuestos. Esto se debió a la fortuita aparición en los archivos de la Warner de una copia en mal estado de la secuencia inédita del unicornio, que al ser añadida acabó por desatar la polémica. El montaje fue conocido como Blade Runner: The Director’s Cut (el Montaje del Director). Pero a Scott no le fue concedido el tiempo suficiente para realizar todo cuanto tenía planeado, ni siquiera para restaurar debidamente la secuencia reaparecida, dando como resultado un “Montaje del Director” que en realidad lo era a medias, y que aunque otros pusieran las palabras en su boca, él jamás reconoció como tal.

Toda esta larga historia de batallas concluyó el pasado 2007 en el 25 aniversario de la película, una vez los derechos del film se vieron libres de las manos de Jerry Perenchio y los demás productores. Así, Blade Runner: The Final Cut (el Montaje Final) es la versión supuestamente definitiva de esta obra maestra, gozando de una impecable limpieza de sonido e imagen (aún a costa de perder el ya familiar tono azulado de la fotografía por un tono más verdoso, que aporta al film un aspecto tal vez menos "bonito”, pero más opresivo y “tóxico”), y en la que se han ocultado digitalmente elementos como los cables de los Spinners aéreos, y especialmente solucionado los numerosos errores de continuidad del metraje: el rostro de Zhora (Joanna Cassidy) en la escena de su muerte, la boca de Harrison Ford durante su breve diálogo con el vendedor de serpientes, el primer plano de Roy en la cabina telefónica, etc. Una versión que probablemente salga a la luz en el dichoso formato 3D en un futuro próximo, pero sin ninguna modificación más allá del traspaso a este sistema.

2 - CINEMÁTICA

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Al hablar de Blade Runner, es imposible no referirse a la pulcritud que manifiesta en todos sus apartados técnicos. La atmósfera del film se ha convertido en una de las más conseguidas e influyentes del cine moderno; una perfecta envoltura conseguida gracias a la unión de la fotografía del gran Jordan Cronenweth, con esas gamas cromáticas de la ciudad y ese magistral uso de los claroscuros con los haces de luz; el diseño artístico del film, fantástico a la vez que verosímil (algo muy complicado de conseguir cuando hablamos de ciencia-ficción) gracias a la irrepetible unión de la imaginación del diseñador “futurista” Syd Mead, la del propio Ridley Scott y muchos más; la música de Vangelis, quien cohesiona todos estos elementos gracias a una partitura orgánica rica en infinitas variedades de sonidos, estilos, texturas y sensaciones; y por supuesto la planificación y dirección del cineasta británico, muy alejado de sus tristes toques "videocliperos" de la actualidad. Ese perfecto equilibrio, logrado entre la extrema preocupación de Scott por todos los aspectos estéticos de la imagen y los recursos más aparentemente simples de un tipo de cine más impresionista y contenido, hace que se trate de una de las pocas películas de dicho director (al lado de Los Duelistas y de esa otra obra maestra titulada Alien) que no se ponen en entredicho por quienes vemos con escepticismo el resto de su filmografía hasta nuestros días.

Toda esta pureza artesanal sirvió, por otro lado, para redondear el ya de por sí buen trabajo de guión de Fancher y Peoples, excelente tanto en los grandes -y reales- conocimientos científicos en materia de genética que maneja, como por la magnitud de su mensaje y la poesía de su final.

3 - FILOSOFÍA y SIMBOLOGÍA

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Otra de las grandes cualidades de Blade Runner, si no la que más, es suponer una disertación acerca de cuestiones filosóficas de primer grado, implícitas en nosotros, y que nos llevan atormentando desde que la humanidad adquirió el uso de la razón; así como por hacer que el espectador se sumerja tras su visionado en un tormentoso mar de preguntas sin respuesta acerca de la existencia (“¿de dónde venimos?”), nuestra propia identidad (“¿qué somos?”), y el final al que nos conducen nuestros caminos (“¿a dónde vamos?”, “¿cuánto voy a durar?”), algo que pocas películas como 2001 Una Odisea Del Espacio de Kubrick (manteniéndome dentro del género) consiguen transmitir.

Asimismo, Blade Runner es un film que juega mucho con el simbolismo. El grandísimo número de detalles, imágenes o elementos metafóricos y alegóricos que contiene, o que en su defecto creemos ver, refuerzan de alguna forma las cuestiones explicadas en el anterior punto y, al mismo tiempo, aportan a la película otro tipo de mensajes, como el religioso (las continuas referencias al Paraíso Perdido de Milton y el mito del ángel caído, el infierno representado en la ciudad de Los Ángeles, el énfasis de la película en los ojos y en el concepto de la inmortalidad, el intenso teocentrismo que rodea a la figura de Eldon Tyrell (Joe Turkell), el replicante Roy Batty presentándose ante su creador en busca de las Grandes Respuestas y su posterior descenso metafórico a los infiernos en el elevador, la paloma blanca ascendiendo tras su muerte, etc.), el mitológico (el tantas veces tocado discurso de la creación contra su creador… o en esencia el del Hombre contra Dios) e incluso el mensaje “Nietzschiano” (la muerte de Dios -Roy Batty matando a Tyrell- y la posterior consecución del "Superhombre" -las muestras de su poderío físico y su plena conciencia empática final-).

4 - PROFECÍA

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Como tercer cualidad, podríamos destacar su minuciosa visión sociopolítica y, como se suele decir, lo bien que veinticinco años atrás supieron anticiparse a problemas de triste actualidad. Pongamos como ejemplos la globalización, el hermetismo individual, la contaminación ambiental, la extinción progresiva de especies animales, la búsqueda cada vez más necesaria de lugares mejores que el mundo que nos rodea (las colonias del "Off-World"), las enfermedades y su cruel aprovechamiento con fines comerciales (tal es una de las posibles lecturas del caso de J.F. Sebastian y su dolencia degenerativa, posiblemente aprovechada para el control de los replicantes), la corrupción de elementos culturales como el lenguaje (ese idioma urbano, amalgama de muchos otros) o las tradiciones (esas Geishas fumando y tomando anticonceptivos), la cada vez mayor dominación de oriente sobre occidente, la inmigración (¿qué es Deckard sino un agente encargado de cazar y "retirar" -brillante eufemismo- a inmigrantes ilegales?), los peligros de jugar a ser Dios con la ciencia, el auge de los sistemas totalitarios más o menos encubiertos (la continua presencia de policías por las calles de la ciudad), y hasta el perenne uso del esclavismo (los replicantes en las colonias). Todo ello un fiel reflejo de problemas a los cuales no sólo no hemos encontrado solución, sino que cada vez están más y más presentes.

5 - REALIDAD e IDENTIDAD: ¿Es Deckard un replicante?

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Finalmente, y no por ello menos importante, la otra gran cualidad es la confusión de identidades de los protagonistas y lo magistralmente bien utilizada que está a lo largo del metraje de cara al espectador. Una trama que, al lado de la descripción que se hace de la aséptica sociedad humana del futuro, es probablemente el más importante punto de contacto del film con la obra literaria en general de Philip K. Dick.

Cuando comienza Blade Runner, creemos que los replicantes son algo semejante a cyborgs asesinos sin piedad. Sin embargo, cuando concluye, acabamos con la sensación no sólo de que así son en realidad los humanos, sino que la línea que separa ambas identidades (humana y replicante) es tan fina que tal vez ni siquiera exista, pues ambas funcionan a modo de metáfora del ser humano, diferenciando entre quienes han perdido todo rasgo de humanidad y quienes todavía son capaces de sentir como tal. Para intentar analizar este proceso de "metamorfosis" de replicantes que acaban por ser más humanos que los propios humanos, debemos meternos de lleno en la célebre y persistente polémica que atañe desde 1982 al personaje principal: ¿es Deckard un replicante, o es un humano? Y para tal, debemos regresar a la anteriormente mencionada escena del Unicornio. En el Blade Runner FAQ se destacan, a propósito de la misma, las siguientes interesantes y reveladoras declaraciones de Ridley Scott publicadas en el reportaje "The Blade Cuts", del número 51 de Noviembre de 1982 de la revista inglesa Starbust:
Scott: ...has visto la versión [del guión] con el unicornio?
McKenzie: No...
S: Creo que la idea del unicornio es fantástica...
M: La diferencia obvia es que el mismo Deckard es un replicante.
S: Si. Es lógico, en particular si estás haciendo un film noir, puedes seguir en esa línea, y que el personaje central pueda, de hecho, ser lo que persigue...
M: ¿Has rodado ya la escena en el claro con el unicornio?
S: Totalmente. Se recortó en la película, y creo que funcionaba a la perfección. Deckard estaba sentado, tocando el piano bastante mal por estar bebido, hay un momento en que se queda traspuesto y entramos en las escenas del unicornio surgiendo del bosque. No es subliminal, pero es una escena muy corta. Volvemos a Deckard y no hay absolutamente reacción ante eso, simplemente la escena sigue. Ahí es donde reside toda la idea del personaje de Gaff con su papiroflexia -- la gallina y el pequeño hombre "empalmado", de manera que la figura del unicornio te dice que Gaff ha estado allí. Una de las interpretaciones de la película se refiere a pensamientos privados y recuerdos, así que ¿cómo sabía Gaff que ciertos pensamientos propios de Deckard eran sobre un unicornio? Es por ello que Deckard sacude su cabeza así [refiriéndose al asentimiento de Deckard tras recoger el unicornio de papel]." [...]
M: ¿Te desagrada que las referencias a que Deckard sea un replicante ya no estén?
S: La sugerencia sigue ahí. ¡Los franceses la pillaron en seguida! Creo que es interesante que pueda serlo. (Fuente: Blade Runner FAQ).
La respuesta a la polémica pregunta sobre la identidad de Deckard es, indudablemente, . La versión original del film de 1982 eliminaba la escena clave de esta sugerencia, pero mucho antes de la aparición del montaje de 1992, las sospechas ya habían comenzado a extenderse entre los aficionados gracias al gran número de detalles del film que respaldan este hecho. Como tampoco es concluyente, podemos afirmar que esta versión manipulada mantiene una cierta ambigüedad, dejando la respuesta al antojo de las preferencias de cada uno. No obstante, en la versión definitiva de Blade Runner que es el Final Cut, esta idea se presenta de una forma muy clara.

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Para empezar, hay ciertos detalles repartidos a lo largo del metraje que funcionan a modo de indirectas dirigidas al espectador: no sólo la pregunta de Rachel sobre si alguna vez Deckard se ha aplicado el test a sí mismo, o la frase del jefe Bryant “Vamos, Deck, necesito al viejo Bladerunner”. También se nos dice que los replicantes coleccionan “preciadas fotografías”, y el piano de Deckard está totalmente cubierto de recuerdos y memorias de esa clase. Por no mencionar la escena en que, muy sutilmente, al Bladerunner le resplandecen los ojos como sucede con los demás seres artificiales mostrados en el film.

En segundo lugar, existe otra serie de detalles a los que la gente no les suele prestar atención y pasan desapercibidos. Conforman la notable transformación psicológica de Deckard a lo largo del metraje, quien, por explicarlo sirviéndome de la ironía del film, se humaniza “pasando de humano a replicante”. Cuando comienza la película y no tenemos ningún motivo para pensar que Deckard puede ser un replicante, se comporta tal y como los demás humanos: es una persona fría, metódica, solitaria e incluso cruel, carente de empatía. No obstante, a medida que se desarrollan las situaciones a las que se ve enfrentado (y mientras, paralelamente, comprobamos que los replicantes son cada vez más un cúmulo de emociones y se muestran, tal y como dice el lema de la Tyrell Corporation, más humanos que los humanos), Deckard comienza a mostrar progresivamente sus sentimientos: el miedo, el dolor, las dudas sobre sus propios métodos... y el amor.

No puede, por lo tanto, ser un humano por la sencilla razón de que estos, todos, son descritos como una sociedad de seres deshumanizados. Y si lo fuera, Deckard representaría entonces una especie de excepción heroica a la regla que, admitámoslo, conduciría el mensaje de la película hacia un callejón sin salida. Ese hipotético toque Hollywoodiano de “última esperanza” representado por un humano que todavía conservara su esencia, no casaría en absoluto en una película como Blade Runner. Deckard es un replicante porque, de este modo, todas las piezas mostradas y sugeridas a lo largo del film encajan a la perfección.

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Y en tercer lugar está, claro, la anteriormente referida escena del sueño del unicornio, y la conclusión final con el origami que Gaff (Edward James Olmos) deja a las puertas del apartamento. Las tres figuritas de papel que este misterioso personaje (el más “Orwelliano” del film, pues no deja de vigilar todos los movimientos de Deckard apareciendo en todos los puntos de inflexión del guión) hace en la película, son representaciones de los estados psicológicos de Deckard en cada momento. La gallina que hace en la comisaría al principio del film tiene que ver con la negativa de Deckard de aceptar la misión, sugiriendo que no lo hace por cobardía. La segunda figurita, la del hombrecillo con el miembro izado al viento, quizás quiere sugerir que Gaff conoce los sentimientos internos que Deckard ha comenzado o eventualmente comenzará a sentir por Rachel. Y finalmente tenemos el unicornio, ser mitológico símbolo de la eternidad, y que nos deja al mismo tiempo tres mensajes distintos:

1) Gaff sabe de la preocupación de Deckard por la efímera vida de Rachel (“¡Es una pena que ella no pueda vivir!”);
2) ha estado en el apartamento de Deckard, pero les da una oportunidad de vivir o un margen de tiempo para huir, una vez Deckard y Rachel se convierten en fugitivos;
3) y por supuesto, que conoce los sueños más íntimos y personales de Deckard, revelándole su verdadera naturaleza de replicante.

Merece la pena destacar que, al hilo de este último punto, Gaff hace con Deckard exactamente lo mismo que este hace con Rachel cuando le revela cruelmente que ella es una replicante. Él ha leído los informes de Rachel, y conoce hasta el más íntimo de sus recuerdos, lo cual puede explicar, a su vez, por qué Gaff conoce los sueños de Deckard. De hecho, todo cuanto sucede con Rachel funciona como una especie de anticipación de lo que sucede posteriormente y a un nivel más amplio con Deckard. Las situaciones de ambos forman un perfecto paralelismo, hasta tal punto que una de las fotografías que cuelgan del piano de Deckard muestra un porche totalmente idéntico al de la fotografía de Rachel con su madre. Y la progresión “in crescendo” en la que, en este sentido, se va narrando la confusión de identidades primero de ella, y paralelamente la de él, es simplemente magistral por parte del realizador y el guionista.

Cuando nosotros creemos que es una mujer normal y corriente (y ella también lo cree), se comporta de una manera fría y mecánica como una humana. Pero cuando sospecha de sí misma y finalmente Deckard le revela su verdadera naturaleza, Rachel da rienda suelta a sus sentimientos: las dudas, los llantos, el dolor y el amor. Todo ello reflejado en ese maravilloso segundo encuentro en el apartamento de Deckard (una de las escenas más intensas de la película) en el que, en el colmo de la ironía, nos asombramos ante la trascendental metamorfosis de Rachel: en apenas segundos, deja de ser un “muñeco humano” de cabello perfectamente repeinado, piel brillante como el plástico y de ángulos rectos y forzados (esas hombreras), para “transformarse” en una replicante absolutamente humana, bella, sensual, y de emociones tan desatadas como su cabello. Una escena tan trascendente, tan cargada de significado y resuelta con tal sencillez que es de asombro.

CONCLUSIÓN

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Blade Runner es una película que, cada vez que la veo, más me hace reflexionar. No sólo en el oscuro y pesimista futuro que paso a paso ayudamos a construir. También me hace pensar en el tiempo. Me hace recordar que todos somos seres efímeros, y un día desapareceremos. ¿Cuánto tiempo me queda hasta entonces? ¿Me parecerá insuficiente el tiempo que he tenido? ¿Y a dónde se irán todas esas experiencias, todos esos recuerdos y todo el amor que habré sentido y que en estos momentos me son tan preciados? En estos tiempos en que somos cada vez más conscientes de enfermedades degenerativas todavía sin cura como el alzheimer, pocas cosas nos pueden parecer más injustas y crueles que el perder nuestros propios recuerdos; todas aquellas experiencias que, cual ladrillos de una estructura, conforman pieza por pieza lo que somos cada uno de nosotros como personas. Y las inmortales palabras finales de Roy Batty llorando en la lluvia resonarán por siempre en mi cabeza.

Al igual que el mito de la caverna de Platón, Blade Runner funciona como una parábola pesimista sobre el ser humano y sobre el valor de todo aquello que nos hace como tales y nos estimula a mirar más allá, frente a un mundo que, cada vez más y más, se ahoga en su propia deshumanización.


[Reseña publicada originalmente en el blog PELICULEROS el día 3 de diciembre de 2008 y retocada y ampliada en noviembre de 2010]
Publicado por Guillermo (Atreus) el 14 nov 2010 52 comments [Más...]