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Etiquetados como «Gene Roddenberry»
Hay un gran problema a la hora de hacer películas “como las de los ochenta”: ya no estamos en los ochenta. Parece una perogrullada, pero es la razón por la que J.J. Abrams no ha conseguido hasta ahora filmar una buena película. Los años ochenta han pasado, las ensaladas de referencias nos saben a poco y, lo más importante, la mimesis no empareja nada bien con la grandeza.
Donner, Carpenter, Spielberg, Reitman, Dante, quien se te ocurra; ninguno de ellos quiso rodar una película que se pareciera a otra anterior. Solo pretendían rodar buenas películas. Películas comerciales, sí, y hasta es discutible si lo consiguieron en todos los casos, pero lo que no me puedes poner en duda es lo siguiente: las recordamos. Te doy hasta el final de la reseña para acordarte del nombre del niño de "Super 8". Sin google, no me seas listo.
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Cuando intentas agradar a todo el mundo, lo más probable es que todos te acaben odiando. Ese debería ser el epitafio en la tumba de Abrams. O al menos en su carta de despido. "Star Trek" es un juguete caro que se desmonta en cuando lo sacudes un poco. Hay momentos para trekkies, otros para fans de Bond, otros para quienes echamos de menos las conversaciones de C3P0 y Arturito, otros para las chicas que nos volvemos locas por Sherlock. Joder, hay hasta una zagala en bikini por-la-pu-ta-ca-ra. “Errática” es una de las formas más amables de describir su historia. “Sin alma” se acerca más a la verdad.
Publicado por JAVIER el
1 jul 2013
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'Star Trek: la Película' ('Star Trek: The Motion Picture – Director’s Edition'; 1979), de Robert Wise.
La novedad de Star Trek era que se trataba de una serie que no hablaba sobre la guerra, sino sobre la paz. Su bienintencionado creador, Gene Roddenberry, aunó algunas de las pautas aventureras de la “Space Ópera” y las sensibilidades sociales de aquellos revolucionarios años sesenta como el pacifismo, la igualdad sexual, las integraciones raciales y culturales o el amor por la naturaleza, con muchas de las constantes filosóficas y humanistas de la Ciencia-Ficción literaria de la época (discursos por aquel entonces escasos en el cine o la televisión), en una amalgama inusual que Roddenberry tomó como medio para poder expresar y compartir dichas inquietudes de forma muy sencilla y digerible, y al mismo tiempo difundir sus esperanzas más optimistas en la posibilidad de un futuro de paz y progreso en que la humanidad consigue erradicar el hambre, las desigualdades, la guerra e incluso el dinero. Todas esas inquietudes, centradas en Grandes Preguntas como nuestro papel en el Cosmos o la búsqueda de Dios, resultaron inusuales en una sociedad más acostumbrada a historias televisivas más típicas de buenazos y malotes, pero al final lograron calar hondo en un público de fieles telespectadores que semana a semana hacían volar sus fantasías y esperanzas junto a la tripulación del USS Enterprise en su búsqueda de respuestas y nuevos mundos a lo largo del Espacio, la última frontera.
Publicado por Guillermo (Atreus) el
31 oct 2010
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