
Orson Scott Card, el autor de esta célebre novela, estudió historia antigua tamizada por un credo mormón puro, no en balde nació en Salt Lake City. Card es del tipo de escritor que refleja sin ambages el propósito de convertir su profesión en un instrumento de extensión de sus principios religiosos o políticos -de hecho, el diario El País y Cinemanía, dan la noticia del estreno de la película basada en este libro con un largo artículo sobre la homofobia de Card-. La suma de todos estos factores es la obra El juego de Ender.
La referencia histórica es, como adelanté, más que evidente. El mundo está dividido en la Liga y el Pacto de Varsovia, lo que era muy similar al cosmos griego, que se reunían en torno a Atenas y Esparta también en ligas. La clave social es la ciudadanía, que confiere derechos, entre otros, de expresión. En la novela los

Los guiños a la historia de la Grecia clásica son también evidentes cuando en la obra se plantea el uso de la guerra para conseguir la unificación del mundo en nombre de la libertad. En este caso, los insectores (aliens invasores) aparecen al principio como seres vivos uniformes, propios de comuna, inferiores en categoría al ser humano, esclavizados a una reina, una visión que muy bien podrí

Y en cuanto a las referencias religiosas, sólo quiero citar el recurso al Antiguo Testamento y al típico mesías judío, al salvador. Señalar a Ender en este caso parece algo más que obvio, y la intención religiosa de Card totalmente evidente.
Pero, como dice el famoso frontispicio, “lo que no es tradición es plagio”. La novela engancha, la verdad. A

Porque el juego de Ender tiene dos caras. Una es la finalidad de su existencia, ya que es el “tercero”, el tercer hijo en una sociedad en la que sólo se permiten dos descendientes. Otra es que resulta el único lugar, el de la batalla, el juego, en el que Ender es libre. Pero Card no entra en los temas que se perfilan al principio de la novela: la planificación estatal de las familias, muy al estilo chino y presente en muchas obras de CF, ni la prohibición de las religiones, esa parte imprescindible de la individualida

La novela me ha gustado. Tiene un tono pesimista, todo metido en un engaño, en el que los malos, como Peter, convertido en Locke y luego en el Hegemon a través de sus artículos en la red, son los que ganan. Valentine, la hermana buena, al servicio de Peter, pierde, al tiempo que la vida de Ender, personaje triste y frustrado, parece desperdiciarse. El contexto no es más halagüeño: un planeta Tierra dividido en dos bloques enfrentados -¡Ay, ese mundo de la Guerra Fría!- que sólo es capaz de unirse frente al enemigo alienígena, un enemigo, los insectores, que no son tan malos como parecían. Buen final, y al parecer peor saga.
Hay quien quiere boicotear el estreno de la película para castigar las opiniones de Card sobre la homosexualidad, a la que califica de enfermedad mental. Será más publicidad para el filme, y, por qué no decirlo, para las asociaciones de gays y lesbianas que se lancen a esto. Yo invito a separar la obra del autor, al igual que escuchamos la música de algunos célebres pirados o drogatas, o vemos el cine de personas que en la intimidad son despreciables.
Publicado en IMPERIO FUTURA
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