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Las claves de El Ministerio del Tiempo

Por Lino Moinelo a las 10:00 el domingo, 10 de mayo de 2015 0 comentarios

¿Qué ha pasado en España desde que Televisión Española estrenara El Ministerio del Tiempo? ¿Qué ha pasado antes, que no hayamos advertido? La nueva serie española de televisión de ciencia-ficción —se hace raro decirlo, o mejor dicho, se hacía—, nos ha dejado a mucha gente ciertamente sorprendidos. Y ha sido así porque está bien hecha.

Los capítulos son algo largos —la duración creo que es cosa de las productoras, por motivos que sólo ellos entienden—, en ocasiones se palpa en los exteriores que el presupuesto es reducido y no se aclaran con el funcionamiento de las puertas. Pero se nota en ambientación y vestuario que han cuidado algunos detalles importantes: por ejemplo, la ropa de las distintas épocas parece de verdad, es decir, castigada por el uso. Si fuera de otra manera  —con la ropa reluciente en plena época medieval, como en la serie Toledo, cruce de destinos (2012)— el resultado no es satisfactorio, siendo uno de esos momentos en los que la famosa frase «se nota que la serie es española» hace su incomoda aparición.

Pero en este caso, los hermanos Pablo —fallecido recientemente— y Javier Olivares han creado un buen guión con muchas posibilidades, en el que no es necesario algo como un D'Lorean como máquina del tiempo —la obra de referencia es Las puertas de Anubis (Tim Powers, 1983)—. De esta manera se ha logrado un ajuste equilibrado entre lo que se puede hacer, y lo que finalmente se hace, denotando que los creadores de Isabel (2012~2014) y Victor Ros (2014~2015), saben muy bien hasta donde pueden llegar.

En definitiva, El Ministerio del Tiempo (MdT) es una serie que cuando la ve el espectador español habitual de series anglosajonas, no le rechinan los dientes en exceso. Se ve con agrado. Se ve con normalidad e incluso, con genuina satisfacción en ocasiones. Pero lo mejor, lo que hace pensar que por fin la ciencia-ficción ha encontrado un camino en España, es lo que queda tras acabar el capítulo correspondiente. Durante el mismo no hay una gran acción, ni trepidantes persecuciones ni un gran despliegue de efectos, sino el pausado desarrollo de una historia, cercana, entretenida y sin renunciar a los recursos clásicos, pero que va generando en nuestro interior nuevas reflexiones. No es una serie trivial ni meramente juvenil. Tiene aspiraciones, sin ser pretenciosa.


El pasado que nos persigue


No es que no se note que, en cierta forma, se imite el estilo anglosajón, que diría que lo hacen. El arte de aprovechar el medio audiovisual para contar historias educativas o que hablen de problemas relevantes —que de otra manera serían aburridas— lo tienen ya muy practicado en Reino Unido o los EEUU —con sus innumerables películas sobre Vietnam, por ejemplo—. Aprender de los mejores es lo que toda persona honrada, humilde, digna e inteligente debe hacer. Hasta Isaac Newton admitió que caminaba «sobre hombros de gigantes».

De esta manera, MdT cumple un papel fundamental como lugar de encuentro común donde purgar nuestros pecados y nuestros errores históricos. Con un espíritu positivo, con un espíritu de construir, para aceptarnos como somos pero con el ánimo de poder cambiarnos en el futuro. Para ello, nada como una ciencia-ficción ligera utilizada como vehículo de forma similar a lo que Doctor Who —pero con otra fórmula completamente distinta— logra en el Reino Unido, reviviendo la memoria colectiva de forma mucho más entretenida y eficaz que aquella rancia, casposa y pretenciosa Memoria de España.


El personaje «español»


Pero a pesar de todo es una serie «nuestra». Es decir, las situaciones, el humor, los personajes, no son una mera transliteración de otros homólogos foráneos. El cambio más importante de la serie respecto a lo que hasta ahora era habitual, son el tipo de personajes. No porque no sean de aquí, sino porque no era costumbre darles voz y protagonismo. En el mundo anglosajón se dieron cuenta hace mucho tiempo que en ocasiones, las soluciones se encuentran precisamente donde nadie había mirado antes. De la mano de personas que quedaban fuera de la «norma» social, muchas veces inadaptados pero no por ello menos capaces en absoluto. De esta manera, piratas, bandoleros, contrabandistas, borrachines, frikis, mutantes, y «gente así», marginal, se han convertido en un arquetipo de protagonista característico de la cultura anglosajona. En la idiosincrasia española lo más cercano era la parodia de Torrente, el brazo corto de la ley. Aparte de esto, este tipo de personaje no existía en nuestra cultura. Hasta ahora.

Los protagonistas de MdT no son inventados. Existen o han existido a lo largo de los siglos, pero han sido cualquier cosa menos los líderes, los famosos o los populares. Al contrario, no los quieren ver ni en pintura. Esta es la razón en la serie por la que son usados como agentes para el MdT, una institución gubernamental que se limita a cumplir su función publica de mantener las cosas como están. Sin más oficio ni beneficio. Pero para el espectador el mensaje es sin embargo que en el fondo, el destino de un país entero está en manos de los que en cada época respectiva son considerados parias: un soldado con honor y leal a sus compañeros, que se enfrenta a la una autoridad carente de legitimidad —Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda)—. Una mujer mucho más inteligente que sus compañeros masculinos, pero que no es considerada como es debido por su condición femenina —Amelia Folch (Aura Garrido)—. Un trabajador especializado válido, eficaz y entregado a su trabajo, pero cuya dedicación no gusta ni a sus propios compañeros, que piensan más en la juerga y el «jurgol» —Julián Martínez (Rodolfo Sancho)—. Los que sólo por ser distintos al resto de los de su época, la sociedad no llega a apreciar sus grandes aptitudes, perdiendo un capital humano que podría ser usado en beneficio de la misma sociedad que les rechaza. En definitiva, el futuro, que ha de construirse a cada instante, sólo puede lograrse con ideas nuevas. De otra manera, se permanece anclado en glorias pasadas, perdidas hace mucho, debido a unos garrafales errores que ya no se pueden reparar. Es el presente, el momento que nos debe preocupar y por el que hay que luchar.


De El Barco a El Ministerio del Tiempo


¿Ha sido repentino este cambio de paradigma en la ciencia-ficción española? Seguramente no. Este ha sido gradual, aunque es su manifestación la que tal vez nos ha pillado a todos algo descolocados. Fuera de la ciencia-ficción, hay varias obras cinematográficas que vistas ahora podían ser algunas de esas señales que avisaban del cambio que poco a poco parece que se está dando, por fin, en la producción audiovisual española: Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014), La Isla Mínima (Alberto Rodríguez, 2014) y Magical Girl (Carlos Vermut, 2014) —tres películas notables todas en el mismo año—. ¿Que tienen estas obras que no tuvieran otras anteriores? No soy critico de cine. Hablo de películas pero como un medio para difundir la ciencia-ficción, que es el tema principal. Lo que puedo decir es que la primera de ellas ha batido todos los records de taquilla —como obra española— y que la valoración de los espectadores es completamente homóloga a la de cualquier otra película, por no decir que mejor en la mayoría de los casos. Algo que no había ocurrido a este nivel anteriormente. Algo similar puede decirse de las otras dos mencionadas, recibiendo aún mejores criticas por parte de sectores especializados en el séptimo arte.

En lo que a ciencia-ficción se refiere, es inevitable mencionar a Autómata, producida por Antonio Banderas. A pesar de haber sido peor valorada en España que fuera de ella —uno de los defectos clásicos nuestros que todavía nos queda por superar— ha sido debido en parte a una incomprensión de un público que todavía no acepta a la ciencia-ficción española como un género al mismo nivel que el resto. Un público que la ha comparado erróneamente con Blade Runner al limitarse a lo estético y superficial, el mismo público que piensa que MdT es una mera imitación de Doctor Who por similares motivos. En cualquier caso, que una película española haya sido puesta en comparación con la mismísima obra de Ridley Scott, es ya de por sí, un fenómeno sin precedentes.

Pero para llegar hasta ahí, para que se puedan producir series propias de ciencia-ficción, se ha debido demostrar con cifras de audiencia de por medio ―o cualquiera que sea el lenguaje que entienden los que tiene la pasta― que la inversión va a servir para algo. El precedente que puede haber encendido la chispa es una serie española que empezó con un planteamiento interesante y con posibilidades, pero que acabó quedándose en una imitación barata de series anglosajonas de alcance masivo como Lost. Para llegar a algo como MdT, puede que haya sido necesario pasar primero por El Barco (2011~2013). La cuestión que cabe preguntarse es, qué vendrá ahora.


El siguiente paso


El riesgo que se corre en estos momentos, emborrachados de éxito como cuando se ganó el mundial de fútbol ―perdón por el ejemplo―, es el conformismo. En el entorno todo lo cercano que pueda considerarse un país europeo como Suecia, han creado la magnífica serie Real Humans (2012~). Para su producción no es necesario ningún presupuesto adicional más que el de cualquier otra tele-serie del montón, pero en este caso, logrando una gran complejidad de guión y profundidad de personajes. No cabe duda que El Ministerio del Tiempo es un caso singular y esperanzador, pero no es ni mucho menos un final del camino ¿que vendrá después? Naturalmente, sólo el tiempo tiene la respuesta.

[Publicado originalmente en Al Final de la Eternidad]

Publicado por Lino Moinelo suscribirse a los artículos de Lino:
Informático y documentalista despistado. Se aficionó a la ciencia-ficción cuando de pequeño le regalaron unos libros infantiles asesorados por el mismísimo Asimov. Tiene un blog dedicado a este género donde vuelca su afición: Al final de la Eternidad. Pudo graduarse en la Escuela de Batalla pero llegó tarde al examen. No obstante, se alistó como voluntario en la Flota Internacional, donde participa desde entonces en misiones interplanetarias de paz.

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