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El mito de Frankestein

Por Lino Moinelo a las 19:00 el viernes, 17 de diciembre de 2010 0 comentarios
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Corría el año 1818 cuando Mary Shelley escribía su obra Frankenstein. En aquel entonces la Revolución Industrial estaba ya bien adentrada en su primera fase y la humanidad estaba experimentado el mayor desarrollo tecnológico y científico que jamás había conocido.

Esta situación provocó la creencia en la sociedad de que con el tiempo el ser humano podría llegar a cualquier meta que se propusiera. Aunque los plazos que se estimaban resultaron ser sobrestimados, lo cierto es que la gran cantidad de adelantos hacían parecer que así sería. Comunicaciones, transportes, medicina, muchas áreas del conocimiento humano experimentaron cambios tan espectaculares, que la sociedad respondió con el surgir de nuevos géneros literarios y sus escritores. Uno de estos géneros fue el de la Ciencia-Ficción.

Julio Verne (1828-1905) o H.G. Wells (1866-1946), son dos grandes ejemplos de escritores surgidos como fruto de esta era de la Historia humana, a los que se les considera los padres de la Ciencia-Ficción. Pero Frankenstein, otro gran clásico menos relacionado con este género aunque sin embargo se le considera la primera novela de Ciencia-Ficción, refleja otra de las mencionadas consecuencias que el gran desarrollo traía consigo además del asombro: el Miedo.
Boris Karloff en la más famosa de las interpretaciones de «Frankenstein»

Al contrario que los Wells y Verne, los cuales podrían definirse como utópicos en el sentido que observaban el progreso humano como el surgir de una nueva era de civilización, cultura y aventura, Shelley se adentró en la parte oscura que la ciencia comenzaba a evidenciar potencialmente.

Adelantándose a los actuales problemas éticos que las investigaciones científicas provocan en materia médica y genética (experimentos con animales, manipulación de embriones humanos, aborto, clonación, etc), Mary Shelley imaginó el horror que supondría el dar «vida» a algo, producto del reciclado de cadáveres humanos.

Son varias las implicaciones que la especulación sobre la creación de seres «vivos» conlleva, consecuencia de que la vida, es un concepto que la ciencia apenas puede definir con claridad. Preguntas como: ¿donde está la consciencia o la esencia del ser humano? ¿que hace a un ser, estar vivo? Un engendro de material orgánico humano, reanimado a base de descargas eléctricas ¿se puede considerar un ser vivo? y, en caso de serlo ¿es humano o qué es?, constituyen un interesantísimo debate, originado como solo un clásico de la Ciencia-Ficción puede hacerlo.

Pero la intención que nos mueve ahora no es la de explorar todas estas cuestiones, sino la de comprobar como una vez más, un clásico es fuente de inspiración para otras obras. Veamos algunas de ellas:

Asimov y los robots


BóvedasAceroCuenta Asimov a lo largo de varias de sus obras, cómo los robots serán objeto de rechazo en su primeros momentos de aparición como herramienta al servicio del ser humano. Según el buen doctor, este rechazo estaría causado por lo que el propio autor acuño con el nombre de Complejo de Frankenstein.

Este concepto fue usado por primera vez por Asimov en su obra Bóvedas de Acero (1953), la auténtica inspiradora de la película Yo Robot (Alex Proyas, 2004). En ella se relata que el rechazo a los nuevos robots es debido a causa del miedo impreso en el acervo cultural de la humanidad, de la rebelión de la máquina frente al hombre. La particularidad es que para Asimov, este miedo, no sería producto de la potencial peligrosidad de la ciencia, ¡sino de la propia novela de Mary Shelley! Se puede decir que Asimov era desde luego, un optimista acérrimo de la ciencia al estilo de Wells y Verne.

Arthur C. Clarke y HAL 9000


Bowman y Poole intentan conversar sin saber que «HAL» está al tanto de todo lo que dicenDesde un temor similar hacia la tecnología tal y como Ms. Shelley transmitía en su obra; además de la preocupación (o Complejo de Frankenstein) que una dependencia y confianza excesiva del ser humano hacia ella produce; Arhur C. Clarke brindó al mundo uno de los personajes más famosos del Cine y de la literatura de Ciencia-Ficción: el supercomputador HAL 9000.

La misión de los astronautas David Bowman (Keir Dullea) y Frank Poole (Gary Lockwood) transcurre plácidamente a bordo de la Discovery. Un día, descubren que algo no está funcionando bien, y que la causa es el conocido HAL 9000. A pesar de todos los intentos de la tripulación humana por evitarlo, HAL descubre que estos pretenden desconectarle, y, para continuar con las ordenes que le habían suministrado contradictorias con su programación básica, decide por su cuenta y se rebela contra ellos antes de que puedan hacer nada. El Mito de Frankenstein se había hecho realidad.

Matrix


Si los robots en un principio, fueran biológicos o positrónicos, eran la causa clásica del temor hacia la tecnología avanzada, tras la aparición de HAL 9000 en la década de los 70 que trajo a los ordenadores personales y su vertiginosa evolución, la I.A. (Inteligencia Artificial) tomó el relevo.

Tal vez sea The Matrix (Hnos. Wachowsky, 1999) la obra de ciencia-ficción que invistió a esta especialidad de la ingeniería informática o de computadores, de su más terrible apariencia.

«Neo», tras ser desconectado de «The Matrix»

Un escenario distópico, en donde la humanidad sucumbe a su propia soberbia tecnológica, se entrega hacia su destrucción en una desesperada lucha contra las máquinas inteligentes creadas por ella misma, deteriorando irreversiblemente el hábitat terráqueo. De esta forma, el ser humano acaba siendo utilizado para extraerle la energía necesitada por las máquinas, cosechándoles en inmensos campos de cultivo en donde el cuerpo de cada individuo permanece toda su vida en unas cápsulas a tal fin, y su mente engañada en una realidad virtual creada por una máquina llamada Matrix.

Estas son algunas de las obras que basan su relato en el temor del ser humano a no saber controlar sus propias creaciones. Un temor, que existe tal vez desde hace siglos y se hace patente en épocas de increíble desarrollo tecnológico, y que probablemente, no lleguemos nunca a dominar.

Artículo publicado originalmente en el blog El Fin de la Eternidad el 19 de noviembre de 2008
Artículo publicado posteriormente en el Sitio de Ciencia Ficción el 6 de junio de 2010

Publicado por Lino Moinelo suscribirse a los artículos de Lino:
Informático y documentalista despistado. Se aficionó a la ciencia-ficción cuando de pequeño le regalaron unos libros infantiles asesorados por el mismísimo Asimov. Tiene un blog dedicado a este género donde vuelca su afición: Al final de la Eternidad. Pudo graduarse en la Escuela de Batalla pero llegó tarde al examen. No obstante, se alistó como voluntario en la Flota Internacional, donde participa desde entonces en misiones interplanetarias de paz.

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