Archivo de julio 2013


Del blog Fantasctic's, las bases del concurso/exposición de cortometrajes 2013:
  1. Los Cortometrajes deberán contener terror, fantasía o ciencia ficción a raudales, con una duración máxima de 30 minutos.
  2. Los Cortometrajes podrán ser mudos o en cualquier idioma.
  3. Los Cortometrajes premiados en algún otro concurso deberán llevar currículum de méritos adjuntos, aunque se valorarán especialmente los cortometrajes inéditos.
  4. El autor será responsable de cualquier responsabilidad legal, de reproducción y de que no existan derechos con terceros.
Publicado por JAVIER el lunes, 29 de julio de 2013 0 comentarios [Más...]

 Pulsar para agrandar
Editorial: EEK! Studio
Dibujante y guionista: German Mora
Producción: Joseph Remesar
Publicado por Portal Planetas Prohibidos el domingo, 28 de julio de 2013 1 comentarios [Más...]
A continaución, el poster y el enlace a la web del Celsius 232 de este año 2013, a celebrar en Avilés del 31 de Julio al 3 de Agosto
Para ver la programación, actividades, invitados, etc, entrad directamente a la web Celsius 232




Publicado por JAVIER el 0 comentarios [Más...]


 De nuevo desde la revista Planetas Prohibidos, del número 2, hoy traemos: 

EL CASTIGO
Texto: Eduardo Andrés Lagos
Ilustración: Komixmaster (Rodolfo Valenzuela)

 

Pran senk epin nan pwason an nan lè, de glann krotal ak zoranj swe krapo (1)

Faust estaba satisfecho, las indicaciones del libro eran claras y las había seguido con mucho cuidado. Pasar sus dedos por las páginas de seda era una sensación maravillosa; su contenido bien valía el pacto realizado.

Masere ansanm vinèg nan tout kou nan yon Lalin plen ...

Cerró el libro, sintiendo una poderosa descarga de placer.
Ak apre twa nwit nan vant la sou latè a, louvwi bato a epi rele nanm ou... 

Él, Faust Leauvaziére tenía el dominio de la frontera de la muerte. 

Sentía la necesidad de desahogar una pulsión. Tomó un pequeño frasco donde una luz rosada se estremecía. “Ven ahora mismo” ordenó. Y su receptáculo vacío llegó con pasos pesados. Había sido una bella adolescente de bonitos ojos cuando la calidez habitaba su cuerpo. Le ordenó  arrodillarse frente a él, y comenzar a satisfacerlo. Cerró los ojos y le puso imaginación al trabajo del receptáculo de adolescente. No le importó que estuviera fría.
Sintió pena, los cuerpos cuya alma era arrancada perdían rápidamente la belleza. Las chicas lindas le duraban menos de una semana. Tenía que hacer un buen hechizo de conservación.
Publicado por JAVIER el 0 comentarios [Más...]
Expocon 2013 del 4 al 11 de Octubre del 2013 en Zaragoza. Calle Antonio de Leyva, 82, Zaragoza (Barrio Oliver).
Este año con 5 temáticas diferentes :
* Ciencia Ficción
* Terror
* Anime- Manga
* Comics
* Medieval

Más información (horarios, accesos, alquiler de stands, etc) en la web de la Expocon 2013
 
 


Publicado por JAVIER el sábado, 27 de julio de 2013 0 comentarios [Más...]


Las críticas a After Earth que he leído aluden a los temas más superficiales de la película; desde los efectos especiales a la falta de acción. También se ha hecho referencia al nepotismo de Will Smith –el protagonista es su hijo Jaden-, lo que me ha recordado a aquellos que critican la corrupción como algo ajeno a ellos y luego se desviven para pagar o emitir facturas sin IVA. Luego están los que censuran que difunda supuestamente ideas de la Iglesia de la Cienciología, pero callan cuando Spilberg hace lo mismo con el judaísmo, o cuando otros difunden ideas políticas y sociales en sus películas, por ejemplo, en el cine español, y lo llaman "comprometido". Hay quien canta la muerte cinematográfica del director Shymalan (cómo le gusta a algunos la supuesta desgracia ajena). Es más; hay quien disfruta diciendo que ha sido un fracaso en taquilla, pero desprecian las películas  de "sábado de palomitas". En fin, que la crítica es libre. A mi me gustó y, no sólo eso, sino que encuentro una fuerte relación con el Moby Dick (1851) de Herman Melville, que ha pasado desapercibida; lo que es raro, porque el libro es citado con frecuencia.
Publicado por Jorge Vilches el viernes, 26 de julio de 2013 3 comentarios [Más...]


Hace unos días moría Ian M. Banks. Todos los días muere gente. Ya. Es más; hay personas de las cuales nos enteramos que aún estaban vivas porque nos dan la noticia de su muerte. En realidad me pasó una semana antes con Jack Vance. Bueno; lo que quería decir es que al saber que había muerto Banks leí su biografía. ¿Cómo había vivido? Era un escritor de cierta fama en Gran Bretaña, aunque aquí, en este país que a veces parece mirar de soslayo a la cultura, era un absoluto y perfecto desconocido; sí, desconocido, salvo para la irreductible aldea de los escritores y lectores más empedernidos. Banks dedicó su vida a escribir y a su amor, al menos a su último amor, lo que ya es algo. Escribía durante tres meses al año y los otros nueve los dedicaba a otras cosas; porque la vida ofrece tantas cosas... En fin. ¿A quién no le gustaría vivir así? A mí sí, y me ha pasado otra vez al leer La torre de cristal, de Robert Silverberg. La torre de cristal tiene muchas lecturas, evidentemente. A mí la que me ha llegado es...


SEGUIR LEYENDO
Publicado por Jorge Vilches el 0 comentarios [Más...]

GÉNESIS ROJO,  de Rodríguez Vázquez
El nombre del autor es en realidad el seudónimo de los hermanos gemelos Eugenio y José David Rodríguez Vázquez.

Ficha técnica

Autor: Rodríguez Vázquez
Género: Ciencia ficción
Páginas: 184
Formato: 148 x 210 mm.

Portada a color (300 gr.) 
con laminado mate con solapas.
 Interior papel novela (80gr.) 
en blanco y negro. 
Encuadernación fresada.
Fecha de publicación: 

26 junio 2013



Biografía Rodríguez Vázquez


Descarga el capítulo (pdf)





Sinopsis Editorial

Génesis Rojo es una novela de ciencia ficción cuyo eje principal es el vuelco que da la vida de un grupo de trabajadores de una empresa de explotación minera en Marte, la Corporación Gamma, tras el descubrimiento de un misterioso fósil en una de las zonas de yacimientos que van a provocar una serie de accidentes y sabotajes anónimos. Y es que el fósil no es un fósil cualquiera: es un trilobite, con lo que quedaría demostrado que en Marte hubo vida. Ante tamaña revelación, los nervios entre los diferentes encargados del complejo (denominado La Cúpula), darán lugar a tensiones y problemas… hasta que todo se complique al descubrir días después un cráneo claramente humano, también enterrado en la superficie de Marte.

Génesis Rojo, es una novela de ciencia-ficción clásica con ecos de lo mejor del género de la primera mitad del siglo XX e inexcusables influencias de grandes autores como Edmund H. North, Franklin Coen, Stanislaw Lem e incluso Julio Verne. De ritmo frenético y ágil, el retrofuturismo entendido como lo era en los 50 y 60, la aventura científica, la importancia geopolítica en el desarrollo de la trama, la investigación en un planeta hostil… impregnan todo el libro, que no dará ningún respiro al lector.

OPINIÓN

  
Antes de nada, quiero decir que esta es una novela que puede llegar a cumplir su principal propósito, o al menos el que debería ser: entretener al lector. Pero opino que tal vez agradará más a los no muy habituales del género de ciencia ficción, dejando con una sensación de “ya visto” a los más habituales.
Extraña un tanto, además, el lenguaje empleado por los autores, que a pesar de ser sencillo, utiliza unas construcciones de frases un tanto atípicas, así como ciertas expresiones también un tanto curiosas.

La trama; es una novela que podría haberse dado en cualquier otro lugar/tiempo, como por ejemplo las fronteras del Far West durante la fiebre del oro, o la tercera luna de Júpiter en “Atmósfera Cero”; por tanto, que el escenario se sitúe en Marte es bastante circunstancial. Además, la novela comienza con un  Mcguffin enorme, que dado el tema, el género, la ambientación de la novela, y la posterior trama, considero mal resuelto; sí, ya sé, la esencia de los macguffins justamente es no se resuelven… pero en una novela de ciencia ficción, en la que la trama gira en torno al descubrimiento de un fósil en Marte… si ese “giro argumental” no se resuelve… no sé, queda muy coja la novela, como si le faltara algo. La ciencia ficción especula, plantea enigmas y los intenta resolver con las herramientas disponibles según sea esa rama de la cifi (dura, literaria, space-opera, etc), pero no veo asumible plantear un gran enigma, y dejarlo de lado, usándolo sólo como base para plantear una novela de ladrones, corrupción, traiciones, asesinatos, etc.
Además, se observan ciertas situaciones que consideramos mal resueltas, como por   ejemplo cuando se quedan casi atrapados en la tormenta al fallar el vehículo (MRV), o cuando “buenos y malos” van sorprendiendo al otro por la espalda con sus armas, o que a pesar de las restricciones y prohibiciones no tengan ningún problema en fumar cuando quieran, que sólo haya una mujer y que además permitan que su hija pequeña esté con ella, que cuando llega el momento del relevo (tras meses de estancia allí), se vayan prácticamente todos (aquí se quedan algunos porque están investigando el “mcguffn”), unas ligeras historias de amor, que más que triángulo acaban en cuadrado (bueno, en nada, dada la ligereza con que se presentan, casi más por la obligación de añadirlas a la trama que por verdadera convicción…).
Como decía antes, parece más un escenario de taberna del Oeste americano que de las instalaciones de una Mega Corporación en Marte.

Es decir, nos ha sabido a muy poco, faltaría afinarla bastante más, mejorar la trama y su desarrollo, así como pulir varios aspectos de situaciones no muy bien desarrolladas. Como comentaba, se trata de un entretenimiento muy ligero, demasiado liviano, que malogra el escenario de ciencia ficción y la idea de base, cosa que considero que no debería darse en novelas cuyo “súmun” es justamente el desarrollo de las ideas desde un punto de vista prospectivo, o de anticipación.
Publicado por JAVIER el 0 comentarios [Más...]


Cine y literatura, ¿hay mejor combinación? Sí; pero no se puede decir porque este blog está al alcance de los niños. Hacer una comparativa entre el libro y la película es algo enriquecedor. La respuesta suele ser previsible: la letra impresa es mucho mejor. Pero no es del todo cierto. Cada medio tiene su tiempo, su lenguaje, sus formas y su público. Vamos a comparar el cuento que publicó Ray Bradbury en 1952, “The sound of thunder”, y que en España se ha incluido en Las doradas manzanas del Sol (2005), y la película de Peter Hyams, estrenada también en el año 2005.

En ambas la historia se sitúa en el 2055, momento en el que una empresa llamada “Safaris en el tiempo” –en la peli “Safari temporal”-, utiliza una máquina para viajar al Cretácico. Lo hacen por dinero, claro está, y los clientes son millonarios. Los de la película son zafios y pretenciosos, porque la idea es que lo importante no es el dinero, sino la honradez en sentido amplio: intelectual, humana y política. Bradbury caracteriza al millonario, un tal Eckels, como un tipo vulgar, sin más. La empresa no tiene escrúpulos en ningún caso, se mueve por dinero; esto en la película está personificado en el siempre excelente actor británico Ben Kingsley –Gandhi (1982), La lista de Schindler (1993) o Inteligencia Artificial (2001), y que veremos en El juego de Ender (2013)-, que le da una vida al empresario que no tiene en el cuento de Bradbury.




El guía tiene un papel distinto en cada uno. Peter Hyams hace de Travis un hombre íntegro, que desprecia al empresario, y que está en “Safari temporal” porque no sabe las consecuencias que tiene (lo que parece increíble). Es el encargado de restaurar la línea del tiempo. Bradbury describe a Travis como un tipo duro y resolutivo, capaz de pegar un tiro al millonario que ha provocado un cambio en la Historia por su canguelo, que tiene lógica. Esta diferencia se encuentra también en el grupo que acompaña a cada uno: los de Bradbury son guías, y los de Hyams son un grupo divertido de composición injustificable. De hecho, en el cuento habían muerto ya seis jefes de safari y doce cazadores.

El animal a cazar es distinto. En la peli siempre es el mismo, mientras que en el cuento no siempre es el mismo. Si bien Bradbury saca al “lagarto del trueno”, dice que la empresa estudia a cada animal a matar, y si puede ser cazado lo marcan con pintura roja. Luego viajan dos minutos antes de su muerte y…negocio. Si bien tiene más lógica lo segundo, es cierto que introduce más solidez a la idea del cambio temporal el que sea el mismo animal. En la peli, la máquina les envía al mismo segundo que siempre pero todo ha cambiado, lo que es el anuncio de lo que se avecina.

El tratamiento del viaje en el tiempo es diferente. Hyams intentó dar unas normas parecidas a las robóticas de Asimov. Tres reglas: no dejar objetos en el pasado, no traerse nada, y no alterar el pasado, ya que la menor variación podría incidir en la evolución. Bradbury no lo hace. Ambas historias tienen mensaje, que responde al momento cultural de cada uno. Hyams hace un filme políticamente correcto: la tecnología debe estar al servicio del hombre, el capitalismo ciego es dañino, y lo importante es preservar la naturaleza. Bradbury monta una paradoja para criticar la dictadura.

En la peli, el pisotón a la mariposa supone “ondas temporales” que cambian la evolución de la fauna y flora del planeta. En el cuento, hay cambios en el paisaje urbano y en el idioma inglés, que no es más que un conjunto de convenciones culturales, y, lo que más importa a Bradbury: un cambio en el resultado electoral. Gana un tal Deutscher (suena a alemán, eh, y es que hay que fijarse que lo escribió en 1952), que es un “anti-todo, militarista, anticristo, antihumano, anti-intelectual”, que suponía “la peor de las dictaduras”, la vuelta a “1492”. Imagino que esto último no gustará a los indigenistas bolivarianos y demás, pero es lo que hay.

El cuento de Bradbury es magnífico, por lo demás, con un sorprendente final: un disparo de Travis al millonario que pisa la mariposa. El desenlace de la cinta de Hyams es predecible: ¿Qué le puede pasar a un grupo que busca algo, rodeado de peligros? Pues que mengua miembro a miembro, pero consigue su objetivo. Además, el chico y la chica acaban juntos, y todo lo vuelve a la normalidad. Los diálogos de la peli son pobres; ejemplo:

- ¡Hágalo! –le dice un millonario a Travis-.
- ¿El qué? –contesta el guía-.
- Restablecer el orden.
- Lo haré.


El cuento de Bradbury hay que leerlo, y luego ver la película de Hyams –con efectos especiales desfasados y todo-.

Publicado en IMPERIO FUTURA
Publicado por Jorge Vilches el jueves, 25 de julio de 2013 0 comentarios [Más...]
LOBEZNO INMORTAL: LA IMPORTANCIA DEL HONOR

Vaya por delante que el título de la presenta reseña (que no crítica. Ya me gustaría a mí tener la capacidad de hacer crítica de cine) de la película en cuestión viene en referencia del cómic del que, supuestamente, se basa.

 
James Mangold consigue dirigir una historia que, honrosamente, es digna sucesora de todo lo visto en el universo mutante cinematográfico de Marvel que gestiona Fox . Vamos, que es una continuación más que digna y que coge la mitología que se ha creado para la ocasión y la desarrolla un poco más.

Y esto quiere decir que Lobezno Inmortal funciona dentro de su propia lógica y que es una buena película de acción. Solo chirría, incluso bajo esta premisa, una escena de acción. Transcurre sobre un tren bala japonés (y digo literalmente). Un pastiche de las escenas de peleas sobre el tren del Oeste, que quiero pensar que el director homenajea y por eso no se ha de tomar excesivamente en serio. 

Pero vayamos al meollo de la cuestión.

La historia comienza estableciendo la excusa argumental. En este caso es el ataque atómico contra Nagasaki, en el que Lobezno salva a un joven oficial nipón de una muerte segura. Queda pendiente saber cómo llega a saber Logan lo que va a ocurrir, y porque actúa como lo hace.
Y la historia enlaza con el final de "X-Men La Decisión Final", con un Lobezno en las rocosas candienses, viviendo de manera salvaje y soñando con Jean Grey. Han pasado varios meses de aquello y quiere estar lejos del mundo y su salvajismo.

Hugh Jackman retoma su papel más abandonado, incluso más que aquel con el que le vimos en la primera entrega de X-Men. En un pequeño pueblo canadiense lo encuentra Yukio, que le hace moverse y viajar hasta Japón para saldar una vieja cuenta de honor. 

El jefe de la Ninja es el propio Yashida, el ya no tan joven oficial, pero que va a acabar su vida siendo tremendamente rico. Una vez en Tokio, se encontrará en medio de una trama de yakuzas, corrupción política y un clan ninja con el que se las verá.
Sí, se trata de una película entretenida, que funciona dentro de la mitología propia de la saga cinematográfica y que cumple todos los requisitos necesarios para ser parte de ella. Como pega, resulta demasiado sencillota, fácil y sin complicaciones. Para que todo el mundo la entienda y no tenga que pensar demasiado.


HONOR

Y ahora, vamos a comentar el tema de que “está basada en la miniserie Honor”. 

Basada libremente quiere decir que toman parte de los elementos que hicieron a esta historia el detonante de la popularidad de Lobezno dentro del Universo Marvel. Tenía todo lo que molaba en los 80. Una gran corporación nipona, una historia de samuráis, ninjas por todas partes y la dualidad humano-animal de Logan, uno de los puntos fuertes del personaje.
Nos presentó a Yukio, una ronin que iba por libre, vendiendo sus habilidades a mejor postor, dio cierta entidad a Mariko y nos presentó a su padre, un despiadado hombre de negocios con conexiones con la yakuza.
La película pasa de puntillas por todo esto, convirtiendo a Yukio en una hermana putativa de Mariko, al padre en un patético personajillo y el dilema hombre-animal en un simple chiste sin gracia ninguna.
No, no llega ni a ser una sombra de aquella mítica historia, pero también es cierto que no lo ha pretendido ser nunca. 

Vamos a decir que la resolución del personaje del Samurai de Plata es bastante ridícula, y sus motivaciones flojas y desubicadas. Digamos que Mangold y sus jefes han recreado a los personajes como les ha venido en gana y no tienen nada que ver con sus contrapartidas de papel, y que como siempre, nos preguntamos por qué los han utilizado, si podían haber creado otros a su antojo y no haber engañado a los fans.

Hablando de fans. Posiblemente, lo que mejor funcione a nivel fan sea la breve pero intensa escena postcréditos, en la que nos dan un esbozo de lo que será "X-Men Días del Futuro Pasado". Solo por eso, vale la pena. Y por cierto, sale tras los primeros créditos, antes de la interminable lista de curritos…

 Víctor Alós Yus

Publicado por JAVIER el 1 comentarios [Más...]
Ya disponible, para su descarga libre y gratuita, el # 128 de la Revista Digital de lo breve y lo Fantástico miNatura, Dossier Distopías, que en este número cuenta con ilustración de portada de M.C. Carper.

En su doble versión de español e inglés. Descargable desde este mismo enlace. 

Y para el próximo número, en el que hay de tiempo hasta el 25 de Agosto para colaborar, el tema será INMORTALIDAD.

Los contenidos son:

Publicado por JAVIER el miércoles, 24 de julio de 2013 0 comentarios [Más...]
En la COMIC-CON de San Diego se presentó un extenso tráiler de la CUARTA TEMPORADA de The walking dead. El estreno del primer episodio será el próximo 13 de octubre en Estados Unidos.




Robert Kirkman, creador de los cómics, habló de la evolución de los personajes, en especial del policía Rick Grimes que, lógicamente, está el pobre muy estresado con tanto monstruo, con la infidelidad y muerte de su mujer, la cría que no para de berrear, el niño que se ha convertido en un matón filósofo, y el liderazgo de un grupo de lo más variopinto. Kirkman también hizo referencia a que la nueva temporada tendrá más acción que la anterior, sobre todo porque el tema se agota y hay que introducir novedades impactantes –que la “novedad” sea ver a Minoche a caballo es una chorrada-. En esta tónica han hecho declaraciones iguales el productor ejecutivo y nuevo showrunner  y el actor que interpreta a Daryl, Norman Reedus.
La nueva entrega tendrá 16 episodios divididos en dos entregas, como siempre; la primera en octubre y la segunda en febrero de 2014.
Publicado por Jorge Vilches el martes, 23 de julio de 2013 0 comentarios [Más...]


No había leído buenos comentarios sobre La última astronave de la Tierra, de John Boyd, no porque fuera mala, sino sencillamente porque no hay mucho escrito en la red sobre esta novela. La única que encontré decente fue la de Juan Carlos Planells, publicada en el número 127 de Nueva Dimensión, del año 1980 (¡Casi ná!), en forma bastante elogiosa. Me resistí a leerla, aunque ahora no recuerdo el motivo. Boyd, pseudónimo de Boyd Bradfield Upchurch, es uno de esos escritores que aparecieron en el panorama de la ciencia-ficción como un paracaidista: a los cincuenta años dio rienda suelta a su vocación oculta. Y aprovechó un tema que nunca pasa de moda, el sexo, como Philip José Farmer. A La última astronave de la Tierra (1968), le siguieron Mercader de inteligencia (1972) –sobre la potenciación de la inteligencia- y Los polinizadores del Edén (1979)-las flores utilizando a los humanos como fecundadores-.

SEGUIR LEYENDO EN IMPERIO FUTURA (abre otra página) 
Publicado por Jorge Vilches el domingo, 21 de julio de 2013 0 comentarios [Más...]
Podeis ver el trailer desde Por si Acaso: Previniendo Desastres

El poster obra de Alex Ross para la San Diego Comic Con:


Publicado por JAVIER el 0 comentarios [Más...]

(de nuevo, desde los primeros números de la Revista Planetas Prohibidos, seguimos recuperando trabajos)

Idea para un cuento

Texto: Juan Manuel Valitutti
Ilustración: Komixmaster (Rodolfo Valenzuela)

a H.G.W

            —...Bien, llegamos a la última pregunta.
            —¿La última?
            —Así es.
            —¿Y luego, usted...?
            —Me marcharé, sí. Tengo que hacerlo alguna vez, ¿no le parece?
            —Sí, supongo que sí. Bueno, ¿cuál es la pregunta?
            —¿Cómo se le ocurre la idea para un cuento?
            —¡Ah, eso! No lo sé exactamente. Puede ser cualquier cosa: una imagen en una revista, una palabra leída al azar en un libro... Algunas veces he soñado la trama entera de un cuento. ¿Sabe? Yo siempre recuerdo los sueños. En fin, una circunstancia cualquiera puede ser propicia, como si el cuento mismo nos esperara a la vuelta de la esquina... Nada extraordinario, ¿no lo cree?
            Los dos hombres, entrevistador y entrevistado, se sostuvieron la mirada por encima del escritorio que los separaba.
            Un reloj de chimenea se deshizo en las notas de su carrillón.
            —¿Es todo?  —inquirió el entrevistador.
            —Sí —contestó el entrevistado.
            —Muy bien, Salvatore Nicoletti —dijo con parsimonia el entrevistador—. Entonces, hemos terminado.
            Nicoletti se sintió torpe, no sabía qué hacer.
            —Ahora que lo pienso —amagó—, no he observado que usted utilizara alguna clase de... dispositivo de almacenamiento, durante el desarrollo de la entrevista.
            —No se requiere. Contamos con micro-implantes de archivo en determinados puntos del cuerpo que nos garantizan un trabajo más holgado, al tiempo que evitan que el entrevistado se cohíba. No se preocupe, me llevo el registro de su voz e imagen completo.
            El entrevistador echó la silla para atrás y se puso en pie. Se separó unos pasos del escritorio y colocó un pequeño dispositivo, del tamaño de un botón, sobre el entarimado de pinotea. Lo presionó con la punta de su zapato, y un espectro lumínico oval, de una consistencia lechosa, se materializó ante él.
            —Se va por donde vino —dijo Nicoletti, por decir algo.
            El entrevistador se volvió a medias.
            —Así parece, Salvatore Nicoletti.
            —¡Si me habré llevado el susto de mi vida hace unas horas cuando lo vi a usted emerger de ese ovoide! —Nicoletti quería sonar risueño, pero el tono delataba su ansiedad—. ¿Quiere... algo? ¿Quiere un vaso con agua? Ya sabe: para el viaje.
            —No es necesario —dijo el entrevistador—. Cuando cruce el umbral estaré en el living de mi casa, a un paso de servirme un buen Cabernet cosecha 2113. ¡Buen año, créame!
            —Sí, claro... —Nicoletti se mordió el labio, gesto que lo acompañaba con cada reflexión—. ¿Y luego? ¿Visitará a otros escritores?
            —Lo haré —dijo el entrevistador, al tiempo que consultaba una pequeña libreta transparente de notas—. ¡Claro que lo haré!
            —¿Puedo saber quién es el próximo?
            —No veo por qué no —dijo el entrevistador—: Se trata del señor Herbert Georges Wells.
            —¡Oh! —Salvatore Nicoletti enmudeció. ¿En serio pensaban que era tan importante, hasta el punto de anteponerlo al enorme Wells? Tenía treintaicinco años y una prominente carrera como escritor, pero, ¿era para tanto? 

            Y, sin embargo, este hombre, este “viajero del tiempo”, había atravesado los años hasta llegar a él, con el objetivo de entrevistarlo. Y otro tanto haría luego: viajaría al pasado, a uno y otro siglo, llevando a cabo su labor: ¡Entrevistar a los grandes hacedores de la Literatura Universal!

Publicado por JAVIER el 0 comentarios [Más...]
LEGADOS; Javier Pellicer


FICHA TÉCNICA
 Título: Legados
Autor: Javier Pellicer
Prólogo: Rubén Serrano
Imagen de portada: Antonio J. Manzanedo
Editorial: Holocubierta Ediciones
Fecha de edición: Junio 2013
ISBN: 978-84-15763-07-9
Depósito legal: GU-040-13
Edición: Rústica con solapas
Formato: Interior 150 x 230 mm
Páginas: 424
Precio: 16,00 €
SINOPSIS:

El mundo está en paz. Una paz relativa, tensa y constantemente al borde de un precipicio oscuro. Los elfos de Esmeril, los enanos de Moru y los humanos de Reino Bosque, Salmanasar, Ungoloz y otros países del continente de Valion, conviven en una aparente calma apenas rota esporádicamente por algunas razas hostiles, como los orcos. Decenas de aventureros recorren los caminos dedicados a la realización de hazañas que les reporten fama y grandes tesoros. Pero muy pocos intuyen la tormenta que está por venir, y que pondrá en peligro todo lo existente.

En Moru, Bainis de Robleda, hijo de un gran héroe pero criado entre enanos, será señalado por el destino como portador de la piedra mágica Decadencia, corruptora de toda vida. Y en Marvalar, la gran capital de Reino Bosque, la joven Thalla, perteneciente a la mayor institución religiosa del mundo, tendrá que enfrentar su fe a la necesidad ante la llegada de Prosperidad, la runa que otorga vida y abundancia. Ambos adolescentes, con la ayuda de otros compañeros, tendrán que encontrar el modo de librar a todas las tierras de los efectos de las piedras arcanas, sin imaginar que estas son mucho más de lo que aparentan. Pero su misión irá más allá de erradicar un mal superior a la concepción de los mortales, pues deberán enfrentarse también a su pasado, a ese legado heredado que tanto pesa en sus corazones, y del que dependerá en buena parte el futuro de todo el universo.

Javier Pellicer, autor de la aclamada “El espíritu del lince”, llevará al lector de la mano en un viaje épico por el mundo del exitoso juego de rol, de creación española, “Aventuras en la Marca del Este”. Siguiendo la estela de los relatos creados para las antologías “Crónicas de la Marca del Este”, el autor recupera a sus personajes más carismáticos: Talfin el enano, Darlak el Último Valaryo y el arqueólogo gnomo Papiro, incorporando a su vez otros nuevos. Un homenaje en toda regla al mundo del rol más clásico, así como a la literatura fantástica de aventuras que tanto marcó a varias generaciones de lectores del género.

Publicado por JAVIER el sábado, 20 de julio de 2013 2 comentarios [Más...]
Ficha técnica
Autor: Luis Guallar
Género: Narrativa/Terror.
Páginas: 266
Formato: 148 x 210 mm. 
Portada a color (300 gr.) 
laminado mate con solapas. 
Interior papel novela (80gr.) en B/N. 
Encuadernación fresada.
Fecha de publicación: mayo 2013
EL PUENTE DEL DIABLO; de Luis Guallar
 (TYRANNOSAURUS BOOKS)

SINOPSIS:

Ya hace casi un año que Iván y Diana se marcharon de la gran ciudad y se mudaron a su nuevo hogar, una casa situada en las afueras de un tranquilo pueblecito. Es la casa de sus sueños y la suerte parece sonreírles desde entonces: no les falta trabajo, se llevan bien con su vecino de al lado y sus máximas preocupaciones son una cerca demasiado baja y tener que cuidar de Judas, un simpático pastor alemán.

Una mañana, sin embargo, una espesa niebla llega de las montañas e inunda todo el pueblo; con ella aparece una misteriosa visitante, una anciana inquietante a la que parecen obedecer los animales.
 ¿Quién es? ¿Qué es lo que quiere? Pronto se darán cuenta de que esa mujer que les visita por las noches e insiste en que la dejen entrar no es lo que parece, que no va a aceptar un no por respuesta, que está dispuesta a todo para conseguir su objetivo... Y que utilizará a su antojo a quien haga falta.

OPINIÓN:

En primer lugar, tengo que decir que por encima de todo, y lo que a mi parecer ha conseguido con gran acierto el autor, es una magnífica ambientación. Más que los sucesos propiamente narrados, el pequeño pueblo y su avejentada población por un lado, y la joven pareja recién instalada en dicho pueblo por otro; de ese contraste entre una población rural y anciana y la joven pareja de artistas urbanitas, unido a la remota situación del pueblo, junto con las leyendas que en torno a él circulan, saca el autor la materia, la base donde situará el relato propiamente dicho.

Publicado por JAVIER el 3 comentarios [Más...]
Números SEGUNDO y TERCERO de la colección Órbitas Prohibidas.
portada_orbitas_prohibidas_2
Publicado por Portal Planetas Prohibidos el miércoles, 17 de julio de 2013 0 comentarios [Más...]
(de Revista Planetas Prohibidos 2)

AMARILLO
Texto: Roberto Redondo
Ilustración: Pedro Belushi

Tengo miedo de volver a coger el metro. Mierda. Creí que ya lo tenía superado. Ha pasado mucho tiempo. Hasta el recuerdo empezaba ya a difuminarse, lento, pero lo hacía. Y aunque el rincón delator de mi cabeza siempre hiciera sonar las alarmas, cada vez conseguía mantenerlas más tiempo anuladas.
Y al rincón… arrinconado.
Mierda.

Es inevitable. Tengo que subir a ese vagón. Me lo ha dicho el doctor Leader. Yo creo que se equivoca. Deberíamos haber esperado un poco más. Ya no quedaba mucho para ver convertida la memoria en pesadilla…
Pero se ha empeñado.
Y yo siempre hago caso al doctor Leader.
Va a ser poca cosa. Un trayecto corto. Subiré en Calidier y me apearé en Durúball. Tres paradas. Cinco minutos. Nada.
Pero da igual; los fantasmas regresan a marchas forzadas. Mierda.
Lo pienso muchas veces. No es que yo fuera demasiado débil; les aseguro que cualquiera también se habría vuelto loco después de ver aquello. Eso sí, en mi favor debo señalar que a la explicación de los hechos dada por Fact-Elbart jamás le di el menor crédito; sólo me habría faltado tener en cuenta las ridículas teorías de otro demente.
Pero no, no quiero rememorarlo. Si lo hago perderé otra vez el control de mi cordura. Me ahogaré. Joder, mierda.

Me levanté tranquilo esa mañana. Más de lo normal. Habían pasado trece días desde que Lienna me dejara. Comenzaba a ver el mundo en orden otra vez. Graarl y Triara habían ya levantado el cerco protector en torno a mí que tanto había agradecido. Desde luego mis padres biológicos no se habrían portado conmigo mejor que lo que ellos lo hacían, esa cuestión la tuve clara desde que, con cinco años, adquirí conciencia de mi condición de adoptado desde los dos.
Sólo les faltaba, para ser perfectos, que algún día me regalasen aunque fuera un solo dato relativo a mis orígenes.
Pero… mierda. Estábamos con otra cosa.

Salí a la calle y la lluvia me brindó su saludo matutino. No la había esperado. Era demasiado temprano para subir persianas y la temporada demasiado cálida como para ser propicia al aguacero. No dejé que afectara a mis ánimos. Mucho esfuerzo puesto en juego para verlo arruinado por algo tan circunstancial como el agua cayente del cielo.
Me lancé a la calle sin paraguas y avancé lo más rápido posible, saltando entre charco y charco. La gente a mi alrededor hacía lo mismo, pero por el rabillo del ojo intuí que la mayoría sí portaba el útil artículo “antilluvia”.
No tardé en llegar a la estación. Enseguida me puse a cubierto. Validé mi billete y, allí sí, levanté la vista por primera vez de manera fugaz. Si no hubiera estado ridículamente entretenido en sacudirme el agua de la ropa quizá me habría percatado entonces de algún detalle que me pusiera sobre aviso en relación a lo que se avecinaba.
Pero estaba demasiado ocupado en mis pequeñas cosas, como siempre suele pasarme.

Una vez en el andén volví a mirar a mi alrededor. Allí estaba la primera pista, y sin embargo yo no supe trasladarla a las zonas de mi cerebro donde a esa hora se desarrollaba la actividad consciente.
Nunca he sido muy avispado, esa es la verdad.
Todos mis transitorios y efímeros compañeros de condición, las personas que me rodeaban tanto en mi propio andén como en el de enfrente me ocultaban sus rostros de la más variada de las formas. Unos sencillamente me daban la espalda; otros inclinaban la cabeza mientras leían el periódico, algún libro…; otros cuantos escondían los ojos bajo el ala ancha de sus mojados sombreros. Unos pocos más lo hacían tras el velo de sus párpados, acaso simulando el sueño.

Como digo, en aquel momento no advertí nada anormal en aquella visión. Sólo lo acabé relacionando tiempo después, en una de las múltiples charlas que mantuve con el doctor Leader durante mi estancia en el psiquiátrico.
El convoy entró en la estación a velocidad decreciente, cubrió el apeadero y se detuvo por completo. Recuerdo haber buscado el rostro del maquinista al pasar a mi lado —es sólo otra más de mis extrañas costumbres—. El hombre miraba también hacia abajo, supuse que concentrado en el manejo de los mandos que presidían su puesto.
La apertura hidráulica atronó y las puertas se abrieron, como fauces de león hambriento. Me introduje y me dirigí raudo hacia uno de los escasos sitios libres que a esa hora y en mi parada se suelen encontrar. Nada pasaba allí dentro que se saliera de lo normal. Lo único destacable era la misma situación que se había dado en el interior de la estación: ninguno de los demás viajeros me cedía la oportunidad de atisbar su rostro, disimuladamente ocultos a mi visión merced a un sinfín de artimañas, aunque ninguna de ellas se desmarcara de los límites que determina lo corriente.
Por lo que yo me mantenía en mi permanente estado de ausencia.
No sé cuánto tiempo había pasado. Creo que no habían sido más de cuatro o cinco paradas.
Fue entonces cuando los vi.
Eran los ojos. Los ojos de la persona que tenía sentada frente a mí. No puedo decir si era hombre o mujer. Ya no había individuo, sólo había… ojos.
Eran enormes, lo inundaban todo y, esta vez sí, me miraban. Me miraban a mí y sólo a mí. Lo hacían sin pestañear. En realidad aquellos ojos parecían no haber pestañeado en su vida. Eran amarillos, de ese onírico color que en todo momento ha tiranizado mis sueños. Odio el amarillo, siempre lo he odiado. Toda la vida lo he relacionado con el mal fario, mucho más desde la muerte de mi amiga Santura a manos de un psicópata oculto bajo un chubasquero… amarillo. 

En un principio no me asusté. Era tal el magnetismo con que aquella mirada me atrapaba que no fui capaz de pensar ni de sentir ninguna otra cosa. La opción era saltar dentro de ese nuevo universo o salir corriendo hacia la nada.
Tomada mi decisión fue cuando al fin el terror anidó en mi alma. No podía escapar. Quise levantarme, desviar la mirada. Me fue imposible. Me hallaba atado a aquellas dos esferas implacables que pronunciaban mi nombre con voz silente, pero de alguna manera embriagadora. Con un atisbo de entendimiento residual lo advertí: no eran sólo los ojos delante de los míos los que extendían sus redes maléficas; todos los demás sujetos presentes en el vagón también dirigían sus turbias y amarillentas miradas hacia mi persona.
La realidad entera conspiraba contra mí.
Así que salté. No tuve otro remedio. De un potente brinco me adentré en el Amarillo.

Era un paisaje de terror. Una tierra yerma e inhóspita en la que reinaban dos soles negros, tan enormes e inabarcables como la mismísima muerte. Quise dirigirme hacia ellos. Parecían la única tabla de salvación entre tanta opresión ambarina. Sin embargo no era posible alcanzarlos. Estaban ahí, a unos pasos, pero no había manera de avanzar. Mis pies habían quedado aferrados a un suelo tan plasmático como ondulante. Al modo de las arenas movedizas fui introduciéndome en el abismo. La atmósfera era pegajosa, ardía. No había signos de vida, tan sólo la espantosa certeza de que una presencia maldita se empeñaba en absorber mi cuerpo y mi espíritu. La grumosa sustancia me cubría ya hasta la cintura.
Quise gritar, pedir ayuda.
Pero la voz se me ahogaba en la garganta.

Cuando comencé a estar seguro de que el fin estaba próximo, fue cuando lo vi.
Un ente amorfo y amarillo se acercaba a mí desde la incomprensible distancia. No supe si caminaba, si volaba o era simplemente que avanzaba buceando en mitad de unas aguas sinuosas y adhesivas.
Lo único seguro era que cada vez estaba más cerca.
Paralizado ahora también por el pánico, quise entrever algún rasgo definitorio en aquella imagen móvil. Impensable. Pronto advertí que su propia figura cambiaba de forma como barro amasado por manos invisibles. No era posible adjudicarle parecido alguno con criatura o sustancia conocidas.
Pero algo me dijo con meridiana claridad que era a mí a quien aquel organismo buscaba. Y que no lo hacía con ánimos amigables también era evidente.
Al fin has venido, escuché en mi mente aunque no fuera una voz lo que hablara.
Publicado por JAVIER el domingo, 14 de julio de 2013 0 comentarios [Más...]
Tras todo este fructífero tiempo, en Planetas Prohibidos hemos pensado se podría intentar dar un paso más.  Para ello, existe la posibilidad de acometer ciertos proyectos que creemos serían muy interesantes.

Su finalidad principal sería la de aumentar el alcance y el número de seguidores, lo que sería bueno para nuestros autores y colaboradores. En conjunto, estimularía la participación y a la larga, nuestros lectores esperamos que también se vean recompensados con nuevos contenidos.
Publicado por Portal Planetas Prohibidos el jueves, 11 de julio de 2013 0 comentarios [Más...]
<![endif]-->
Presentamos otro texto, extraído del número 1 de Planetas Prohibidos; en esta ocasión, un relato escrito por magnus Dagon, e ilustrado por J. A . Marchan.


La pared acristalada 

Texto: Magnus Dagon
Ilustración: J. A Marchan

¿Cómo lo han hecho?, se preguntaba una y otra vez. ¿Cómo lo han conseguido? Esas preguntas estaban siempre presentes en su mente, como un mantra incansable que no parecía dispuesto a dejarle descansar. Se sentó en una esquina y se rió lentamente. Era una risa tenebrosa, en nada alegre, que ponía los pelos de punta. Sin embargo no sonaba en modo alguno maligna. Sonaba a desesperación, a intento por encontrar la gracia a una situación insostenible.
            No voy a mirar, se dijo. Esta vez no. Pero miró. Como todas las veces anteriores. Al fin y al cabo no había mucho más que mirar. Estaba encerrado en una celda prismática, de unos seis por tres por tres metros, aislada de todo sonido exterior. Las paredes eran lisas, planas, sin ninguna rugosidad, sin ninguna tubería, ninguna puerta, ningún acceso. Nada. Todas eran de color azul cielo, al igual que las paredes y el techo, salvo una de ellas, que era transparente. Cuando la vio por primera vez pensó que al otro lado habría montones de ellos, montones de esas cosas escudriñándole, observándole como a un bicho raro, un sorprendente especimen que radiografiar de arriba abajo. Pero no fue así.
Al otro lado estaba su casa.

Razonó que era imposible que la hubieran podido reproducir con tanta exactitud. Y entonces, dentro de su casa, se vio a sí mismo. La lógica perdió todo sentido. Se veía entrar, moverse de un lado para otro nervioso, alterado, como esperando algo. De repente comprendió que estaba viendo un recuerdo de su pasado, algo que ya había ocurrido antes. Algo que no querría volver a ver jamás. Allí estaba ella, igual de hermosa que siempre, entrando tal y como lo hizo aquel día, de manera lenta y triste, sabiendo que algo tenía que cambiar. Él sabía que algo iba mal, llevaba tiempo notándolo, pero no quería decir nada, no quería romper el espejismo en que estaba viviendo, perder al ser que más había amado jamás. Ella era consciente de lo que él sentía, pero su decisión era irrevocable: se iba. Él empezó a rogar, a pedir una segunda oportunidad. Pronto los ruegos se convirtieron en súplicas y éstos en rencores. Discutieron durante horas. Se envenenaron con las palabras que dijeron, se odiaron el uno al otro pero sobre todo se odiaron a sí mismos por haber llegado a ese extremo. Finalmente, ella decidió marcharse para no volver jamás.
            Presenciar de nuevo esa escena vulneró su autoestima, tal y como, suponía, ellos pretendían. Sabía que aquello era un intento por minarle psíquicamente, por hacerle sentir inútil y fracasado, sin fuerza de voluntad. Y en cierto modo, para su desgracia, lo iban a conseguir.

            El cansancio pudo con él y se quedó dormido en el suelo. Cuando despertó dentro de la celda había un plato con comida. No sabía muy bien de dónde provenía, pero no la iba a hacer ascos. Mientras se levantaba miró la pared acristalada. Era la misma escena que el día anterior. Se repetía de nuevo exacta, gesto a gesto, y aunque no podía oírles sabía que pronunciaban las mismas palabras. Al día siguiente volvió a ocurrir lo mismo. Se dio cuenta, desesperanzado, de que no podría librarse de aquel recuerdo en tanto estuviera encerrado allí. Tal vez se acostumbraría, tal vez lo acabase ignorando como un autómata, quizás lo peor que sacaría de todo aquello sería una cierta insensibilidad, carencia de sentimientos. Tal vez sería así.
            No fue así.

¿Cuántas veces lo habré visto?, pensó mucho tiempo después. Llegó a la conclusión de que miles. Había visto el peor día de su vida repetirse miles de veces ante sí. Era una tortura. No cabía ninguna duda. No podía ser de otra manera. Sin embargo no tenía sentido que lo fuera. Se tortura a un prisionero con una finalidad, que confiese un crimen, que delate a otro, pero nunca le pidieron nada. De hecho desde que entró ahí no había visto a nadie, a nadie salvo a ella, discutiendo una y otra vez con él, reprochándole su frialdad, su falta de cariño. No, no discute contigo, razonó. Eso ya pasó. Tratan de enajenarte, de volverte loco.
            Loco.

            A su mente vino otro recuerdo. La primera vez que oyó que seres de las estrellas habían establecido contacto no pudo creerlo. Siempre le pareció una patraña, una falacia tal posibilidad. Debido a eso fue de los que más se maravilló cuando vio las naves aterrizar, lentas, sigilosas, dando a entender que aunque los acontecimientos avanzasen con calma lo harían de modo irreversible. Sintió miedo a lo desconocido, a ver cosas que nunca antes se habían visto, cosas increíbles, cosas terribles. Una punzada de desconfianza le recorría, le hizo recelar desde el principio. Las dificultades del idioma complicaron las relaciones, las hicieron lentas, complejas, cuidadosas, medidas con precisión total. Los visitantes dieron a entender que eran exploradores, que sólo querían catalogar nuevos mundos y que a cambio ofrecían toda su ciencia y conocimiento. Sin embargo algo no encajaba, eran demasiado altruistas, demasiado omnipotentes, demasiado perfectos.
            Pasó el tiempo y vinieron más naves. La acogida fue buena, pero tras esas llegaron más, y más, y más. Los más listos supieron darse cuenta pronto de lo que ocurría, que a pesar de su avanzada tecnología carecían de planeta propio, tal vez destruido por una guerra entre los suyos. Un sector de la población, en el que él encajaba, se mostró hostil y dispuesto a defender el planeta, conscientes de que se preparaba una inminente invasión. Y entonces las relaciones y buenas maneras dieron paso a las armas. Sin embargo los invasores estaban mejor preparados. Tal vez se debía a que su desesperación les hacía fuertes y no tenían nada que perder. Iniciaron una persecución de todo elemento contrario a ellos y su dominio. Fue entonces cuando le cogieron. Había dejado su casa —la misma que terminó por aborrecer con todas sus fuerzas— para huir lejos, esconderse en zonas de difícil acceso. Pensó que tenía que haber algún grupo de resistencia, un movimiento antiopresor, pero no encontró nada, aunque ellos sí le encontraron. Le llevaron a una de las nuevas ciudades que estaban levantando y le sedaron. Cuando despertó se encontraba en aquel cubículo de pesadilla.

            Llegado un punto deseó ardientemente morir. Envidió a todos aquellos que sucumbieron en las primeras oleadas, la mayoría sin saberlo, contentos, felices, ignorantes de lo que venía encima. Pensó qué habría sido de ella. Tal vez fue una de los que cayeron. Tal vez huyó y se puso a salvo. La envidió también, porque sea lo que fuere que la pasara no podía ser peor que aquello. Nada podía ser peor que aquello. Nada.
            Me han arrebatado la vida, me han arrebatado la existencia, pensó.
            No voy a mirar.
            No voy a mirar.
            Pero miró. Y se maldijo una vez más.

            Estuvo planteándose la mejor manera de morir, la menos dolorosa. Había oído que la muerte por inanición era horrenda, lenta y agónica, por lo que la desechó. Podía matarse a base de golpes, pero no tenía con qué. El plato no era lo suficientemente contundente, y estaba demasiado débil como para lanzarse contra las paredes. Hasta la muerte le habían quitado. Si le habían quitado la vida y la muerte, ¿dónde le dejaba eso? ¿Qué era lo que le quedaba?
            Poco a poco comenzó a olvidar que aquel lugar que veía siempre a través del cristal era su casa. Olvidó que hubo una invasión. Olvidó que alguna vez había sido libre. Olvidó su propio nombre. Pero hay una cosa que no olvidó.
            Un día, estando como ya siempre estaba, acurrucado en una esquina mirando al suelo, menos vivo que una planta, oyó un ruido. Le sonó estruendoso, atronador. Con el poco sentido de la cordura que conservaba se dio cuenta de que era porque nunca solía oír nada, y por tanto se había acostumbrado al silencio total. Debería haber significado una novedad increíble para él, un cambio radical en su hábitat. Pero no se movió. No se inmutó. Ya todo le daba igual. Los sentidos para él no suponían ninguna garantía, en esa celda todo era falso, todo era mentira, incluso él mismo. De repente notó que alguien le tocaba. No hizo ningún caso, como le ocurrió con el ruido. Pero era un tacto familiar, deseado.
            Se movió lentamente, vio a alguien a su lado y se echó violentamente hacia atrás. Era ella. No podía ser ella. Tenía que ser otra trampa, otra mentira, otra tortura.
—¿Qué es lo que te han hecho? —dijo.
—Aléjate —respondió él con voz débil por la falta de uso—. No eres real. Estás en mi mente.
—Soy yo. Soy real. Déjame explicártelo.
—¡Aléjate! —chilló.
Se arrastró contra la esquina contraria. Ella fue consciente del calvario que había pasado y se compadeció de él. Decidió esperar y tener paciencia. Tiempo no la iba a faltar.
Paso a paso, fue recuperándole del infierno. Le enseñó a andar, a recuperar el habla y las fuerzas, le recordó quién era, por qué estaba allí y quién era responsable de su situación. Y por encima de todo, le devolvió la dignidad. Llegó un momento en que podía decirse que estaba casi recuperado, aunque esa es una palabra amable, pues difícilmente nadie puede recuperarse de algo así. Ella supo que ya podía contarle qué hacía allí.
Publicado por JAVIER el domingo, 7 de julio de 2013 0 comentarios [Más...]